Don’t believe
this hype!

Tao Lin.

.

MILO KRMPOTIC

Los personajes del Richard Yates de Tao Lin amenazan constantemente con suicidarse. Sobre la página 50, uno les ha sugerido ya por lo bajinis tres o cuatro métodos del todo infalibles; cien páginas después, lo que apetece de verdad es matarlos personal y cruentamente. ¿Por qué decidí seguir arrastrándome, pues, hasta el final de un libro que en circunstancias normales hubiera abandonado sin el menor asomo de culpa? Mera incredulidad, oigan: el gran Vicente Luis Mora le había dedicado un comentario tirando a elogioso en su Diario de lecturas Luna Miguel se interrogaba admirada sobre Lin (“¿has leído cómo siente? ¿has leído cómo lo expresa?”) en el último número de Quimera, que por cierto le presta su portada bajo el lema de “¿El nuevo hombre de las letras norteamericanas?” (cuestión, por cierto, a la que en principio contestaremos muy negativamente).

Nuestro posicionamiento, en efecto, se acercaría más al de Antonio J. Rodríguez en el artículo central del citado número de Quimera, una pieza larguísima que se esfuerza por describir antes que enjuiciar y que culmina con estas acertadas palabras: “Es como si Tao Linpusiera todo su empeño en parecer mucho menos brillante de lo que en realidad es. Tengan mucho cuidado con él. No se dejen engañar. Esto es muy serio”. Acertadas palabras, decía, con una salvedad: ni artículo ni libro justifican en un solo momento tal brillantez.

.

Portada de la revista Quimera dedicada al escritor.

.

Richard Yates cuenta la historia de “amor” entre Haley Joel Osment y Dakota Fanning. Él, como el personaje al que el actor homónimo daba vida en El sexto sentido, es un autista fantasmagórico. Ella, como cualquier buen prejuicio sobre la actriz que le presta nombre, es una adolescente con la profundidad emocional de una cheerleader rubia de Kansas City. Se encuentran en un chat (en la crítica de The New York Times, Charles Bock señala que a ello probablemente obedezcan los nicks que vestirán durante todo el libro). Hablan por chat. Siguen hablando por chat. De repente deciden conocerse en persona y comienzan a viajar entre Manhattan y Nueva Jersey. A veces es él quien efectúa el trayecto, a veces es ella. Cuando no están juntos, hablan por chat o SMS. Cuando lo están, copulan, pero poco. Comen bastante, casi siempre productos dietéticos u orgánicamente guays, y roban mucho. Él tiende a sentirse “como una mierda”; cuando no está abusando psicológicamente de su pareja, se dedica a corregir sus poemas y novelas. Ella, lo veremos con el correr (es un decir, más bien “cojear”) de las páginas, hace visibles sus inseguridades a través de la automutilación tal y como intenta esconderlas con secretas vomitonas bulímicas. Mientras tanto, hablan un poco más por chat o SMS. Y aprovechan para pelearse con la madre de ella, ya que toda nueva generación debe publicitar su rebeldía oponiéndose a la anterior.

Su inteligencia es la de unos Sid y Nancy, pero chapotean por la tragedia sin ánimo de ahogarse en ella. También podrían pasar por personajes de una película de los Coen, pero la mirada cálida aquí apenas existe o fracasa estrepitosamente. La empatía es nula, su destino nos es indiferente y sólo rogamos que llegue lo antes posible (de nuevo Bock: “Lin narra el aburrimiento aburriéndonos”). Poco a poco, eso sí, comenzamos a sospechar que Haley Joel Osment tiene bastante de Tao Lin. Y, porque en ningún momento hemos encontrado la profundidad de abstracción beckettiana que destacaba Vicente Luis Mora (sin asomo de ironía o falsa modestia, él es un crítico excelente y el que se esconde bajo este plural mayestático, no), intentamos comprender desde el exterior de la obra la fascinación que su mediocre interior viene despertando.

Al parecer, Tao Lin mola. Y mola por su capacidad para promocionarse a través de los más modernos gadgets y medios. ¿Estamos hablando de larguísimas y sesudas entradas de blog? ¿De crear tráilers cibernéticos que acompañen la salida de sus libros? Ojalá. El listón ahora mismo anda por el “vídeo de dos minutos y medio en que haces un batido de frutas que esparces por la cara de tu novia para a continuación lamerlo brevemente de sus mejillas”. La apoteosis del ennui, el dadaísmo, la nouvelle cuisine y, si me lo permiten, la estulticia pija: cóctel que, al presentarse bajo denominación de origen neoyorquina, hace las delicias de hipsters y demás modernísimas hierbas.

Aquí, Richard Yates ha visto la luz en la colección Héroes Modernos de Alpha Decay, sello no menos indiecool, con un exquisito gusto en sus portadas, que contrató en primicia mundial el (fallido) debut novelístico de Micah P. Hinson y que amparó una de las revelaciones del pasado 2010, Las teorías salvajes de Pola Oloixarac (título mil veces mejor escrito y setecientas veces más interesante, pero tan tremendamente argentino que nos cuesta también entender su éxito internacional). ¿Hace falta añadir que, en este sobrecargadísimo panorama nuestro, las editoriales que no pueden permitirse grandes nombres deben apostarlo todo a la recuperación de olvidados y el descubrimiento de nuevas (supuestamente grandes) voces? Elemental: tanto el trabajo sobre el terreno como los indicios esparcidos por sus alrededores nos invitan a ligar el concepto “Tao Lin” a la categoría de hype y, siguiendo el viejo consejo de Public Enemy, nos abocan a descreer del fenómeno que viene protagonizando. En cualquier caso le devolvemos la palabra, por si en futuros trabajos tiene a bien desmentir tal etiqueta.

.

RICHARD YATES

Tao Lin

ALPHA DECAY



Vida

Milo J. Krmpotić nació en Barcelona en 1974. Actualmente desempeña el cargo de redactor jefe en la revista Qué Leer y es colaborador de Go Mag. Es autor de tres novelas juveniles y una adulta, Sorbed mi sexo. Un trayecto a las vidas de Paul Boissel (Caballo de Troya, 2005). En la contraportada de Las tres balas de Boris Bardin, el editor lanza un “Aviso para libreros: ¡Atención! El autor, aunque se llame Milo y aunque tenga ese apellido que no acertamos a pronunciar, nació en Barcelona, es decir: al menos por el momento conviene colocar su novela en Narrativa española. Gracias”. krmpotic.blogspot.com

Obra