Tao Lin.
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MILO KRMPOTIC
Los personajes del Richard Yates de Tao Lin amenazan constantemente con suicidarse. Sobre la página 50, uno les ha sugerido ya por lo bajinis tres o cuatro métodos del todo infalibles; cien páginas después, lo que apetece de verdad es matarlos personal y cruentamente. ¿Por qué decidí seguir arrastrándome, pues, hasta el final de un libro que en circunstancias normales hubiera abandonado sin el menor asomo de culpa? Mera incredulidad, oigan: el gran Vicente Luis Mora le había dedicado un comentario tirando a elogioso en su Diario de lecturas Luna Miguel se interrogaba admirada sobre Lin (“¿has leído cómo siente? ¿has leído cómo lo expresa?”) en el último número de Quimera, que por cierto le presta su portada bajo el lema de “¿El nuevo hombre de las letras norteamericanas?” (cuestión, por cierto, a la que en principio contestaremos muy negativamente).
Nuestro posicionamiento, en efecto, se acercaría más al de Antonio J. Rodríguez en el artículo central del citado número de Quimera, una pieza larguísima que se esfuerza por describir antes que enjuiciar y que culmina con estas acertadas palabras: “Es como si Tao Linpusiera todo su empeño en parecer mucho menos brillante de lo que en realidad es. Tengan mucho cuidado con él. No se dejen engañar. Esto es muy serio”. Acertadas palabras, decía, con una salvedad: ni artículo ni libro justifican en un solo momento tal brillantez.
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Portada de la revista Quimera dedicada al escritor.
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Richard Yates cuenta la historia de “amor” entre Haley Joel Osment y Dakota Fanning. Él, como el personaje al que el actor homónimo daba vida en El sexto sentido, es un autista fantasmagórico. Ella, como cualquier buen prejuicio sobre la actriz que le presta nombre, es una adolescente con la profundidad emocional de una cheerleader rubia de Kansas City. Se encuentran en un chat (en la crítica de The New York Times, Charles Bock señala que a ello probablemente obedezcan los nicks que vestirán durante todo el libro). Hablan por chat. Siguen hablando por chat. De repente deciden conocerse en persona y comienzan a viajar entre Manhattan y Nueva Jersey. A veces es él quien efectúa el trayecto, a veces es ella. Cuando no están juntos, hablan por chat o SMS. Cuando lo están, copulan, pero poco. Comen bastante, casi siempre productos dietéticos u orgánicamente guays, y roban mucho. Él tiende a sentirse “como una mierda”; cuando no está abusando psicológicamente de su pareja, se dedica a corregir sus poemas y novelas. Ella, lo veremos con el correr (es un decir, más bien “cojear”) de las páginas, hace visibles sus inseguridades a través de la automutilación tal y como intenta esconderlas con secretas vomitonas bulímicas. Mientras tanto, hablan un poco más por chat o SMS. Y aprovechan para pelearse con la madre de ella, ya que toda nueva generación debe publicitar su rebeldía oponiéndose a la anterior.
Su inteligencia es la de unos Sid y Nancy, pero chapotean por la tragedia sin ánimo de ahogarse en ella. También podrían pasar por personajes de una película de los Coen, pero la mirada cálida aquí apenas existe o fracasa estrepitosamente. La empatía es nula, su destino nos es indiferente y sólo rogamos que llegue lo antes posible (de nuevo Bock: “Lin narra el aburrimiento aburriéndonos”). Poco a poco, eso sí, comenzamos a sospechar que Haley Joel Osment tiene bastante de Tao Lin. Y, porque en ningún momento hemos encontrado la profundidad de abstracción beckettiana que destacaba Vicente Luis Mora (sin asomo de ironía o falsa modestia, él es un crítico excelente y el que se esconde bajo este plural mayestático, no), intentamos comprender desde el exterior de la obra la fascinación que su mediocre interior viene despertando.
Al parecer, Tao Lin mola. Y mola por su capacidad para promocionarse a través de los más modernos gadgets y medios. ¿Estamos hablando de larguísimas y sesudas entradas de blog? ¿De crear tráilers cibernéticos que acompañen la salida de sus libros? Ojalá. El listón ahora mismo anda por el “vídeo de dos minutos y medio en que haces un batido de frutas que esparces por la cara de tu novia para a continuación lamerlo brevemente de sus mejillas”. La apoteosis del ennui, el dadaísmo, la nouvelle cuisine y, si me lo permiten, la estulticia pija: cóctel que, al presentarse bajo denominación de origen neoyorquina, hace las delicias de hipsters y demás modernísimas hierbas.
Aquí, Richard Yates ha visto la luz en la colección Héroes Modernos de Alpha Decay, sello no menos indie y cool, con un exquisito gusto en sus portadas, que contrató en primicia mundial el (fallido) debut novelístico de Micah P. Hinson y que amparó una de las revelaciones del pasado 2010, Las teorías salvajes de Pola Oloixarac (título mil veces mejor escrito y setecientas veces más interesante, pero tan tremendamente argentino que nos cuesta también entender su éxito internacional). ¿Hace falta añadir que, en este sobrecargadísimo panorama nuestro, las editoriales que no pueden permitirse grandes nombres deben apostarlo todo a la recuperación de olvidados y el descubrimiento de nuevas (supuestamente grandes) voces? Elemental: tanto el trabajo sobre el terreno como los indicios esparcidos por sus alrededores nos invitan a ligar el concepto “Tao Lin” a la categoría de hype y, siguiendo el viejo consejo de Public Enemy, nos abocan a descreer del fenómeno que viene protagonizando. En cualquier caso le devolvemos la palabra, por si en futuros trabajos tiene a bien desmentir tal etiqueta.
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RICHARD YATES
Tao Lin
ALPHA DECAY









plas, plas, plas.
una crítica de quitarse el sombrero.
Genial, muy bueno. Hace ya mucho tiempo que tengo la sensación de que gusta lo que es un poco imbécil porque creen que es una vuelta inteligente, y es sólo un poco imbécil. Críticas como ésta me reconfortan, mr. Krmpotic.
No lo he leído, pero he leído muchas críticas, muchas. Y sin haberlo leído aun, tal vez su interés sea precisamente en lo que adolece el libro y sus personajes. Es decir, parecen ser el ejemplo perfecto de como “sienten” y “viven” una gran parte de la juventud occidental. Tal vez sea esa la victoria del libro, por decirlo de alguna manera.
Oiga, qué refrescante leer una reseña con sentido, que no está escrita por un niñato/a que sin haber leído nada se siente capaz de juzgarlo todo. Gracias, señor Krmpotic, le perdono su difícil apellido y ruego más textos ecuánimes como el suyo.
es muy facil tambien meterse con algo que gusta a los modernos porque entonces quedas como listo y como ecuanime
No leeré este libro vacío y sobredimensionado. La literatura es otra cosa.
Milo:
No me parece mal el tránsito, cada vez más patente, de la crítica literaria (“este libro no me gusta o no ofrece aportaciones al panorama porque…”) a la crítica de consumo (“¡la publicidad me ha tomado el pelo! [una vez más]”), siempre y cuando se respeten ciertas distancias. En este caso, como en otras críticas que he leído sobre ‘Richard Yates’, hay dos cosas con las que discrepo: 1) que se siga repitiendo mecánicamente el eco de que Tao Lin es una cosa “hipster” (¿pero qué es lo hipster?), cuando, como comenté en Quimera, sus personajes son bastante ineptos socialmente y hasta desagradables y misántropos, o que se asocien las entradas y videos del blog de TL con una supuesta superficialidad y falta de responsabilidad en sus obligaciones de autor comprometido con la cultura (todos entendemos el contrato de lectura que exige el blog, qué sé yo, de Manuel Vilas, cuando sube sus informes médicos): es un blog, y cada cual lo utiliza a su gusto; 2) que se siga repitiendo mecánicamente el eco de que “Alpha Decay” es una cosa “indie” y “cool”, cuando en su catálogo se habla de asistentas domésticas en un Portugal rural (hugo mae), de adolescentes kabreadas con el sistema que romperían la rótula al primer contacto visual con un lector de revistas de tendencias (‘Suomenlinna’), de los “viejovenes” de Miqui Otero, o del rollazo que puede llegar a suponer la universidad argentina.
Saludos,
AJ
@Volia Nihil – En una clase de botánica, un vídeo que muestre a tiempo real el crecimiento del ficus de Madagascar será un triunfo idéntico al que usted destaca: insoportable. Yo seguiré apostando por herramientas como la elipsis o, por lo menos, la cámara rápida.
@Antonio – ¿Los hipsters no son o pueden llegar a ser ineptos sociales y misántropos y horteras y tres o cuatro cosas más? Quizá Tao Lin no sea hipster o cosa de hipsters. Yo lo identifico como tal por su forma de vestir y de actuar, pero no soy un experto; en cualquier caso, lo de hipster no es una descalificación per se: suma, simplemente, por sus connotaciones de fenómeno actualmente cool y simpático a los medios, a la reverberación periodística en la que hallo justificación a que se esté hablando tanto de un libro que a mi juicio vale tan poco. En absoluto, por cierto, espero de Tao Lin un compromiso para con la cultura. Que haga todas las tonterías que quiera y felicidades si la gente se las celebra, que se las celebra.
Algo más allá, tampoco busco descalificar a Alpha Decay al describirla en términos de indie y cool. No forma parte de un gran grupo, está de moda en sectores más o menos modernillos y se ha afianzado en una estética tan atractiva como reconocible. Del mismo modo, recluta a autores procedentes de blogs (Pablo Muñoz) o revistas/suplementos de tendencias (Miqui Otero) y sabe arrimarse a voces como las de Calvo o Pola. Así las cosas, Valter Hugo Mae se vuelve cool por publicar en Alpha Decay, no en cuanto a sus temáticas. Pero insisto en que no hay ánimo despectivo: están haciendo las cosas bien porque editan títulos interesantes y, cuando no, igualmente se habla de ellos.
Antonio, disiento: en mi opinión, el autor de la reseña se interroga sobre la publicidad decepcionante al no entender el porqué de tantos aspavientos elogiosos. Primero dice, muy claramente, que la lectura del libro le aburre. En ese sentido, al acabar pronto la tarea de la crítica literaria (“este libro es mediocre porque me aburre”, dicho muy resumidamente pues el señor Krmpotic lo desarrolla mucho más y mejor; es su legítima y subjetiva visión de crítico); cuando termina, decía, esa tarea, pasa a la crítica de la parafernalia publicitaria que rodea al autor, y que nada tiene que ver con el texto puro y duro. El comentario sobre la editorial, bueno, cabría preguntar a AD si creen que su marca se percibe como “indie” y “cool” y si es intencionado o un accidente de promoción mal enfocada. Como lectora, creo que lo buscan y lo consiguen, y lo celebro por ellos en tanto que objetivo logrado. Entiendo que si no estás de acuerdo en esa percepción, dado que tú publicas en ese sello, la misma te genere incomodidad. Quizá sea un tema que haya que trasladar a la propia editorial, pues como bien dices es un eco que se repite, y el origen de dicho eco está, a mi entender, en la publicidad (paratextos) que emite AD. Después de todo, en la ficha del libro que consta en su página web, dice que “está destinada a convertirse en la Biblia de la generación iPhone”. Yo no sé si será así, pero creo que esa frase fomenta esa percepción.
Saritísima, me gusta mucho tu nick pero no creo que meterse con los modernos garantice ninguna ecuanimidad. Hay pazguatos en todos los lados del poliedro literario. A mí la reseña del señor Krmpotic sí me parece ecuánime. Sobre todo me enternece su apabullada incredulidad, casi como si pidiera perdón porque no le gusta el libro. Para mí, es un rasgo de honestidad en estado puro.
Este es un ejemplo de lo que me gusta de Sigueleyendo: cuando los autores de los artículos opinan y responden a sus críticos. Yo no he leído a Tao Lin, pero me gusta Alpha Decay porque me parece una editorial con apuestas frescas, lo que no quiere decir que a veces se esquivoquen. Creo que la crítica de M.K. ayuda a que el debate sobre literatura no se centre en lo último de Magris y de Pérez Reverte. Enhorabuena.
Milo:
A eso vamos: hace unos pocos años el panorama literario estaba pendiente de definir qué era literatura posmoderna y similares. Ese debate acabó diluyéndose pronto ante la imposibilidad de decretar unos rasgos inamovibles. Ahora sucede lo mismo con lo “hipster”, y llegamos a la conclusión de que “hipster” es todo aquello que sale en publicaciones de tendencias y para modernetes, lo cual, dependiendo de la habilidad del periodista cultural en cuestión, puede ser cualquier cosa. Por lo demás, y aunque a menudo nos entusiasme arrojar piedras contra nuestro tejado, en ocasiones ese periodismo cultural de tendencias ha conseguido sacar a la luz autores, libros y sellos impensables en otros espacios o suplementos.
@Antonio – Pero es que se diría que quien asocia connotaciones negativas a lo hipster y al periodismo cultural de tendencias eres tú… Me interesarán menos o más, pero no tengo nada contra ninguno de ellos, de veras. Yo me limitaba a describir los alrededores de RICHARD YATES, desde la intuición si quieres, para a continuación explicarme el fenómeno que está generando. Porque, de nuevo, si de portada hacia dentro hablamos, me parece un libro aburrido y sin traza.
(Y saludos a todos los comentaristas, claro: es un placer dialogar un libro…)
Creo que Alpha Decay es un ejemplo de editorial inteligente. Por lo que se puede apreciar con una ojeada a su web y a su catálogo, no me parece que les moleste nada lo de estar a la vanguardia de lo moderno, al contrario más bien. Eso resulta un alivio para los lectores, que estamos algo hartos de que las nuevas editoriales nazcan ya con aspecto de viejas y catálogo de descatalogados. Y eso que yo no soy ya tan joven.
Felicidades.
Mira, me voy a comprar el libro! Muchas gracias a todos.
Me compraré el libro cuando pueda (ahora ni para cervezas) y ya diré algo con más conocimiento de causa. Pero yo sí veo interés -sea este el caso o no- en que existan obras que muestren a todos los niveles y categorías la realidad de una época, por mucho o poco que nos gusten. Otra cosa es en nuestra vida como lectores, cierto.
Milo, ¿qué opinas del final de la novela?
Buena pregunta, Julio, muy buena pregunta.
Que no hace bueno al resto. La incomunicación estaba sentadísima. Y no creo que a estas alturas Thanksgiving sea el gran símbolo tradicional al que oponerse. Cuando CATCHER IN THE RYE quizá, pero ha pasado medio siglo. ¿Más? Ingenuo, falto de un plus dramático, todo sigue igual o todo no sigue igual y en cualquier caso todo da igual. ¿Me he perdido algo?
No lo sé, Milo. Yo, gracias a Dios y al Thanksgiving, creo que no. Era sólo curiosidad
¿En serio? ¿Pola?
Ahora que han traduzido un libro de tao lin al castellano ya todos quieren hablar de el, como si fuera el suficiente para decidir si es bueno o malo o inteligente o imbecil. tao lin es mucho más que “Richard Yates”. lo veo perfectamente normal que a algunos no les guste el libro, y que por eso no busquen su nombre en internet para descobrir mas, pero que lo critiquen tan apasionadamente – eso no entiendo. Será el miedo de lo nuevo y la falta de abertura de cabeza.
A mi la crítica me ha gustado mucho Milo. Me ha parecido muy bien argumentada y contenida. En extremo educada. Yo no he leído a Lin, pero lo haré en breve. Tengo ganas de hablar con conocimiento de causa.
Respecto al tema “hipster”. A ver, no puede ser tan difícil. Si voy a la wikipedia me encuentro cosas como esta: “Los hipsters contemporáneos son mayormente asociados con un gusto general por la búsqueda intelectual, con un aprecio irónico de las clases inferiores y las subculturas. En 2003, el libro de humor satírico de Robert Lanham The Hipster Handbook afirmó que los hipsters son gente joven con “… cortes de pelo mop-top, meciendo viejos libros de bolsillo, hablando por teléfono celular, fumando cigarrillos europeos, … pavoneándose en zapatos de plataforma con una biografía del Che Guevara asomándose por sus bolsas”.
El término identifica que estas personas pueden seguir tendencias de alguna moda urbana en contradicción deliberada con la identidad de esta. Por ello para algunas personas los ‘hipsters’ son individuos apáticos, superficiales y pretenciosos, a menudo radicados en sectores automarginados y decadentes de la sociedad, entre las previas generaciones de bohemios y/o artistas y pensadores de subcultura.”
Ya sé que siempre hay matices y que nunca se dice todo exactamente como es, pero creo que para hacernos una idea de la estética y la ideología sirve. Tampoco me parece que sea ningún insulto aunque entiendo que haya quienes entiendan que sí, tal como se señala en el párrafo anterior. En mi opinión un hipster no deja de ser otra tribu urbana más y me merece tanto respeto como el resto. (Que tampoco es que sea mucho, pero ese es otro cantar).
Un saludo,
Señor Krmpotic (¿acaso un pseudónimo de Invertido Olmos?) es una vergüenza que critique un libro que reconoce no haber leído. Una vergüenza que se suma a sus insultos irónicos contra Vicente Luis Mora, faro y fato de la intelectualidad española.
Y, por favor, que alguien se tome en serio la necesidad de reintroducir al Tongoy a su jaula.
Apreciado FuManChú, por supuesto que el sr. Krmpotic ha leído el libro. Escriba en serio. gracias.
Señor o señora Sigueleyendo, pido humildemente disculpas.
@Kike – En serio… ¿qué? Pregunto humildemente.
@FR – Será, será eso…
@Tongoy – Gracias.
@FuManChú – No es un pseudónimo. Relea el primer párrafo: me arrastré hasta el final del libro, de ahí que lo comente. Y ningún insulto: Vicente Luis Mora en un pedestal (de ahí lo de “sin asomo de ironía o falsa modestia”).
Saludos a todos, gracias por comentar.
Señor Krmpotic, por favor, lo que yo he escrito es un idiotez, es posible que sin gracia y, desde luego, del peor gusto.
Es obvio que usted no es un pseudónimo, que le hace conscientemente la pelota a don Vicente, al menos en este artículo, y que Tongoy no vive en una jaula.
Sinceramente, da miedo que un “crítico” no pueda reconocer un registro irónico tan burdo como el usado por FuManChú y que, además, ha sido amablemente censurado por el administrador de la página en el comentario anterior.
Como para fiarse de sus críticas, Mr. Krmpotic…
Será que la ironía no es tal cuando se presenta de forma tan burda. O será que ambos hemos tenido mañanas mejores. Pero no se maltrate de ese modo, hombre: siga disparando a repetición y a alguna le dará. Y no, no se fíe. Nunca. Es lo que ellos quieren.
Concedí al libro 60 páginas de gracia en Fnac. Absolutamente insoportable. Coincido punto por punto con el contenido de la reseña.
Sin ironía alguna: en este fiasco sólo se salva el traductor, un verdadero héroe.
Saludos.
Creo que la cuestión la acierta AJR en el final de su artículo en Quimera que citas en la crítica. Sin embargo la conclusión a la que llegamos los sucesivos lectores de la novela es opuesta. Es decir, ¿para describir las vidas soporíferas y sin aliciente de la juventud occidental es necesario escribir un libro soporífero y sin aliciente? Sí / No.
Lo de arroparlo de tendencia, es hipster o no es hipster ¿pero qué es hipster?, es secundario. Es el tipo de juego irónico que precisamente no desagrada a Tao Lin…
Pero bueno, todo esto ya lo dice VLM en su análisis (que lamentablemente no aclara cuáles son esas ‘resonancias’ que le produce la novela). De lo que no duda nadie es que la fisonomía del libro es el aburrimiento y, aunque esa sea la sociedad que describe, no es precisamente así como se está expresando hoy: lady gaga, pelis de consumo superadrenalínicas, justin bieber, ipod-ipad-iphone-etc, hiperactualidad japón-libia…
Sería de una puerilidad sonrojante que se pretendiera abrirnos los ojos ante la decadencia del today american way of life. Creo que ese es el juego de Tao Lin, no denunciar sino dar esa impresión (y se le ve el plumero con el título); enredar a la crítica en el juego de interpretaciones colándonos por medio una novela simplemente aburrida.
Voy a escribir mi gran reseña del libro de Tao Lin (Tao Lin, Richard Yates, Barcelona, Alpha-Decay, 2011): este libro es, simplemente, una mierda soporífera.
Empiezo otra vez. Estábamos en Barcelona. Le pregunté a Ana: “oye, Ana, ¿no me dijiste que querías ver a Elena?” “Sí”, contestó Ana. “Vale, aprovecharé la tarde para ir a ver libros”, dije yo. “Muy bien”, respondió Ana. Entonces me fui a Fnac. Entonces le pregunté a una amable empleada que me recordaba a Joan Jett si tenían el libro de Tao Lin. Entonces ella me preguntó si quería comprarlo. Entonces le respondí que no, dije que sólo quería hojearlo. Me senté en el lounge de lectura de Fnac y empecé a leer Richard Yates, el libro de Tao Lin. A mi lado había una señora de unos cuarenta y cinco años que leía un libro de Manuel Castells. Esta señora era muy atractiva, es decir, era una señora cul. Entonces nos miramos. Empecé a leer. Cuando iba por la página 20 me quedé dormido. Me despertó la voz de la hija de la señora cul, una chica de unos trece años también muy atractiva, es decir, cul, que iba vestida con un vestido. También llevaba unas Martens color vino y unas medias agujereadas, es decir, era moderna. Le dijo una cosa a su madre y se fue. Tenía pecas. Yo sonreí a la señora atractiva y seguí leyendo. La primera carcajada estalló a la altura de la página 32 del libro de Tao Lin. Entonces la señora atractiva me miró y sonrió. Mirando a la señora cul pensé que era una especie de Mirna Minkoff, pero guapa y madura. Levanté la cabeza y le sonreí otra vez. Entonces, no sé muy bien por qué, me vino a la mente el libro de Theodore Roszak, El nacimiento de una contracultura. Seguí leyendo; cuando llegué a la página 43 empecé a reírme otra vez, y luego, a hablar solo. Mi soliloquio terminó con una nueva carcajada; tiré el libro al suelo y me palmeé los muslos mirando a la señora cul. La señora atractiva y cul me miró, pero no sonrió. Carraspeó y siguió leyendo el libro de Manuel Castells. Cogí el libro de Tao Lin y empecé a leer otra vez. Me quedé dormido otra vez en la página 49. No sé qué o quién me despertó. Cuando desperté, me di cuenta de que tenía la camisa llena de babas. Miré a la señora atractiva y le sonreí. La señora cul no sonrió, eludió mi mirada. Seguí leyendo; esta vez leía el libro de Tao Lin al revés. Le di la vuelta al libro porque me sentía un poco passé. Había leído sesudas disquisiciones sobre este libro –que me estaba pareciendo una porquería sin valor alguno– y me sentía muy paleto y muy poco moderno. No era capaz de identificar dónde estaba el interés (¿sociológico?, ¿estético?, ¿literario?, ¿político?, ¿EPOCAL?) de este libro, Richard Yates. Tampoco me pareció muy interesante la lectura al revés del libro de Tao Lin; aún así, llegué hasta la página 60. La señora cul me miraba de reojo de vez en cuando. Más carcajadas. Cuando terminé de reírme a carcajadas, empecé a despotricar contra la imbecilidad ambiental y contra el mercado –yo también tengo mi lado radical–. ¡¡¡¡Que me dé por saco un toro de lidia si este libro no es una puta bazofia!!!!, chillé al final de mi perorata antisistema, en la que cité, por este orden, a Bordieu, a Zizek, a Virno, a Tabarovsky y a mi amigo López. La señora cul cogió su móvil y pulsó la pantalla táctil. Yo me había tumbado en el suelo porque estaba un poco cansado y aburrido. Asimismo, me había quitado los zapatos y me había desabrochado la camisa llena de babas porque tenía calor. Entonces la señora atractiva y cul se levantó y salió de la sala sin dejar de hablar por su móvil, un iPhone. Me quedé dormido otra vez: nada más arrancar a leer la página 61 del libro de Tao Lin, Richard Yates, me dormí otra vez. Dos individuos fornidos me despertaron. Iban vestidos igual, de color azul. Estos dos individuos fueron muy poco amables conmigo. Querían que les enseñara mi documento nacional de identidad. Uno de ellos me dio un guantazo con la mano abierta cuando le pregunté cuánto podía costarme un servicio completo con su madre. Entonces me pidieron que me vistiera, eso dijeron. Entonces el otro individuo vestido de azul, el que no me había dado el guantazo con la mano abierta, me puso unas esposas. Me tomaron de los brazos y me sacaron de Fnac. Entonces, mientras me sacaban de Fnac, vi a la señora cul y atractiva con su hija cul y atractiva en una caja. Estaban comprando un ejemplar de Richard Yates y les atendía la amable empleada que me recordó a Joan Jett cuando entré en Fnac y le pregunté por el libro de Tao Lin, Richard Yates.
Infumable, no hay mucho que discutir, I guess.
Yo me he reído más con la reseña fnaquera que con el libro, pero eh, la cercanía geográfica-cultural ayuda…
El libro no solo no es ninguna de las cosas negativas que se han dicho aquí. Es un libro excepcional, todo menos aburrido. Profundo, triste, hilarante a veces, inteligente, mordaz, cínico, está muy bien escrito y encima es terriblemente generacional. Lo he leído después de leer alguna de las polémicas e intentando ser ecuánime y mi conclusión es: chapeau!!!
Milo, pienso lo mismo sobre el fenómeno tao.ton-ti-linis-mo.
Te animaria a hacer alguna critica autónoma, sin citar o mencionar a VLM: ganarias en criterio e independencia. Sé tu mismo. En cuanto a la valía moral del tal VLM que tanto ensalzas, te convendria enterarte de algún proceso de selección en el Cervantes de New México. Me comentan que coló a alguna americanita evidente, que no sabía español. Eso sí: un puesto indefinido para promocionar la lengua y culturan española. El caso, me comentan, está en los tribunales. VLM, desterrado a Morocco. La dirección del centro de New Mexico, asumida por el director en Chicago, después de tales acontecimientos. Conviene informarse y estar informado, antes de vestir santos, aunque sean de la critica literia. Un saludo. Rosa.
¿Pero qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? ¿Qué tendrá que ver, Rosa, la película que cuentas de Vicente en New Mexico con el libro de Tao Lin? ¿Le resta credibilidad a sus críticas? No veo cómo. Yo de las críticas de Vicente hace tiempo que dejé de fiarme pero no por eso que comentas. No me las creo porque con el tiempo he descubierto que tenemos, en apariencia gustos o intereses diferentes, que es lo a uno debe preocuparle de las críticas de Vicente, no lo que haga en su trabajo o en su casa.¿Debo entender por tu intervención que crees que Vicente se quiere llevar a Marocco a Tao Lin para meterlo en algún puesto de becario? Qué chorrada… Y no sé que coño hago yo defendiéndolo, la verdad, si me da igual. Bueno, igual no. Me joden un poco estos cotilleos inútiles que sólo buscan hacer daño.
Respecto a las críticas autónomas… bah, las críticas autónomas no existen. Muchas veces son las críticas ajenas las que nos llaman la atención sobre cierto asunto en el que no caímos en sus momento o nos descubren que puede haber algo detrás que da sentido a la novela, más o menos lo que ocurrió en el Lamento de Portnoy hace unos días con el asunto del último libro de Murakami.
Hoy recojo el libro de Tao Lin en la biblioteca y me pondré con él inmediatamente. Prometo que si lo comento lo haré contrastando informaciones y tiendo en cuenta los datos facilitados sobre la vida, usos y costumbres de Vicente Luis Mora. Y a ver que sale. Una mierda, seguro. Con tantos valores en la ecuación es imposible desvelar la incógnita sin volverse tarumba.
El tipo de la fnac es un cachondo divertido.Voto por un comentario suyo en cada entrada.Pero eso sí, con la señora cul y los seguratas violentos.A la hija la quito por qué acaban siendo muy pesadas las adolescentes y aburren un huevo.
Del libro no sé nada ni mi importa, solo leo escritores irlandeses.
@Rosa – Desconozco el caso que mencionas y, en cualquier caso, creo que es política del Cervantes ir cambiando de destino a sus directores para que no se apoltronen. Si el paso de New Mexico a Marrakech hubiera sido por el motivo que comentas, no sería el Cervantes: se trataría de la Iglesia católica. Sea como fuere, VLM se ha ganado a pulso ser un referente de nuestro panorama crítico: le admiro en el rol del que puedo dar fe, el de crítico, y eso que en más de una ocasión no he coincidido con sus juicios (quizá le admiro precisamente por ello). Es grande y lo será más. Pero no te escaman las menciones a Charles Bock o Luna Miguel y forman parte de lo mismo: la crítica debería ser un proceso orgánico. Ningún crítico tiene la verdad absoluta ni escribe desde lo alto de una torre de cristal. Así que no es ajeno a la independencia y el criterio, creo, comentar que VLM ha encontrado ecos beckettianos en el libro o que Luna se entusiasma con los sentimientos allí expresados o que Bock se aburrió mucho. En cualquier caso, gracias por tu comentario.
Hola Milo,
No quisiera abusar de tu hospitalidad, así que esta vez seré breve.
Mi comentario se dirige a “Taolinista”:
Ah, de acuerdo, respeto tu opinión, faltaría más. Tiene que haber de todo. Si hay o ha habido marxistas, postmarxistas, situacionistas, postestructuralistas, postmodernistas, tardopostmodernistas, afterpopistas, tecno-deterministas (VLM, ejem), etc., etc., etc., ¿Por qué no Taolinistas?
Me llama, sin embargo, poderosamente la atención esta expresión que arrojas a la atmósfera como si se tratara de un argumento incontrovertible:
“terriblemente generacional”
Sin mucha esperanza, te pregunto: ¿qué significa exactamente esto? Si me lo aclaras, estaré muy agradecido.
Por otra parte, una humilde recomendación de lectura para taolinista en particular (y para taolinistas en general): Boris Groys, “Sobre lo nuevo. Ensayo de una economía cultural” (hay trad. cast. en Pre-textos, 2005).
Saludos.
P.D.: Yo este año a los reyes magos les voy a pedir de regalo que me dejen ir un día a comprar libros a la Fnac con Cadou.
No… nada… que el Tao Lin no da para tantos comentarios, hombre. In fact, casi no se ha dicho nada del texto, sino de las opiniones que ha despertado en nuestro territorio, de lo equivocado que está éste, de la vida privada de aquél, de la editorial que lo publica…
¿Eso qué significa?
¿El texto? Mmmmmmm… ¿Era Fresán quien comentaba que Tao Lin había dado una conferencia de una sola palabra? Pues aquí hay dos nombres propios y seis verbos repetidos hasta la extenuación, amén de otros diez sustantivos recurrentes. Se tiende a la frase corta y, por si no había quedado claro, a la redundancia. Entonces se rerredunda. Y también hay dos o tres fórmulas convertidas en leitmotiv puntuando una estructura lineal y voluntariamente simple. Todo ello en sí no me parece mal. AMERICAN PSYCHO también se ponía bastante pelmaza a ratos. Sucede que allí al menos había niveles. Elipsis. Metáforas. Proyecciones. Ambición narrativa. Ironía de la de verdad (la que no es tan fácil de pillar). De últimas, insisto en que Clément Cadou no le ha hecho justicia a RICHARD YATES: su sátira fnaquera sí tiene su gracia.
Acusar, aunque sea cobardemente y entre muchas comillas, a Alpha Decay de editorial cool o indie, es la mayor estupidez y da muestra de la desinformación o de las ganas de estar desinformados de algunas personas que han escrito o comentan por aquí. Sólo este año Alpha Decay ha publicado libros de Denton Welch, Valter Hugo Mae, Hilary Putnam, Jim Dodge, Fabián Casas… Suma y sigue. Y eso sólo por poner un ejemplo. Además, su labor de búsqueda de autores verdaderamente jóvenes no existe en ninguna colección de ninguna otra editorial. ¿Es eso ser cool y modernete o significa arriesgar y estar interesado por ofrecer algo nuevo a los lectores? Respecto a Richard Yates, me ha encantado la novela. Sin reservas. Creo que hay que ser intelectualmente muy limitado para hacer una lectura como la que ha hecho Milo K., y creo que hay que ser además un poquito bobo para luego jactarse de ella a la primera oportuniad que le sale cuando algún comentarista del artículo viene a darle la razón con comentarios irrespetuosos y que aportan poco o nada. Hay mucha ruindad en el ámbito de los libros en nuestro país. Y mucha mediocridad y envidia también. Saludos y sigan leyendo así de bien, que da gusto.
Richard,
Me temo que no has encajado bien el crochet. Aunque el autor de la reseña ya es mayorcito para contrargumentar, déjame decirte sólo una cosa. Ya está bien de encubrir la inanidad literaria con argumentos que no se dejan ni confirmar ni refutar (vgr. el riesgo). Ya basta de vender motos, ya está bien de megadesembarcos homologables al iPad. Enough is enough.
En lo que a mí respecta, y si te sirve de consuelo, mi deliberadamente irrespetuosa sátira de Richard Yates, el infumable libro de tu adorado Tao Lin, no alude a Alpha Decay. Es más, el año pasado he leído (y he comprado) cuatro libros de Alpha Decay y tres me gustaron.
Llamas “intelectualmente limitado” y “bobo” a una persona que se ha limitado a emitir un juicio (a mi entender, absolutamente acertado, y todavía demasiado suave) sobre un libro que es muy malo, malísimo. Lo siento, no todo el mundo se las traga dobladas. Al menos, yo no. Ya basta de engañar al personal.
@Richard – Al octavo comentario de esta ristra debería remitirme. Si ya lo ha leído, abandone esta réplica ya mismo, deje de perder el tiempo conmigo porque intentaré explicarle algo que no le interesa entender. De otro modo, le evito la búsqueda y la cuenta hasta ocho: no era acusación (caso de serlo, creo que realizarla dando el nombre de uno dista bastante de la cobardía, pero ése es otro tema), sí voluntad descriptiva. Indie en cuanto no pertenece a un gran grupo. Cool en cuanto goza de mayor predicamento entre la prensa y los lectores más al día que otras primas hermanas de fondo similar. Algunos de sus libros me han gustado mucho, otros no tanto, unos terceros apenas: es lógico y normal. A partir de ahí, usted considera un mérito que tomen riesgos. Yo diría que a la fuerza ahorcan y, ya que no pueden contratar a Michael Chabon, realizan un inteligente aprovechamiento de sus recursos: ofrecen algo nuevo porque es lo único que pueden ofrecer y, dentro de esos parámetros, escogen con ojo comercial a ratos y literario a otros, que es lo que debe hacer una buena editorial. Pero no seguiré por ahí para evitar caer en la trampa: Alpha Decay jamás fue el objeto de este texto, apenas una clave más con la que intente descifrar un éxito que no comprendo. De corazón celebro que le haya gustado RICHARD YATES al punto de convertirse en su homónimo. Es algo muy, cómo decirlo… taolinesco. Respecto a lo de bobo, jactancioso, mediocre y envidioso, bueno, no soy yo quién para opinar si merezco tales calificativos. Me falta distancia. Tal y como a usted parecería faltarle la confianza suficiente en sus opiniones para exponerlas sin descalificar a quien no las comparte. Por lo demás, en efecto seguimos leyendo. Disfrutando de Fabián Casas, mismamente. Un saludo.
“Respecto a Richard Yates, me ha encantado la novela. Sin reservas. Creo que hay que ser intelectualmente muy limitado para hacer una lectura como la que ha hecho…”
Richard, me han impresionado tus argumentos a favor de la novela… qué coño, me has convencido con tus ‘comentarios irrespetuosos y que aportan poco o nada’.
Por favor, borradme de la lista M y pasadme a la lista T.
Milo, ¿cómo se propuncia tu apellido? ¿Poniendo una “o” entre la “r” y la “m”? ¿De dónde viene?
está claro que quise decir “pronuncia”. En qué estaría yo pensando
Pues se propuncia con mucha paciencia, buscándole el semivocalismo a la ‘r’, con acento esdrújulo, algo así como ‘KRRRRRM-po-tich’. Mis abuelos eran croatas. Un saludo.
¿Quien te ha dicho que el Instituto Cervantes no es la Iglesia Católica, con sus puestos de poca o nula actividad y sueldazos a costa de todas, designados a dedazo? Deja mucho tiempo para el ADSL, los blogs y las logias.
Milo, no te conozco de nada, pero aqui nadie se chupa el dedo. Además de amiguismos y, si te suena demasiado fuerte o camorrista, cambialo por “relaciones sociales”, la veneración de tal o cual persona en el ámbito cultural no es un argumento en si mismo. Y en cuanto a la escritura, la falta de honestidad con que algunas personas se comportan en su vida en un cargo público (a dedo, pero público) que incluye representación pública y ética de un país, es trasladable a la critica pública de este o aquel texto. Y en ese sentido, al tratarse de un organismo público, no se puede hablar de la actividad “privada” del tal VLM, en el desempeño de su cargo. No me cabe duda, su amistad le obliga y, por lo que sé, otras cosas más, también. Al fin, el panorama literario ibérico y digital es una foto donde el que se mueve no sale. Y la otra operación, de la que el tal VLM también fue ideólogo -si quiere, le explico como y quien lo financió, sí, los curas andaluces, otra vez la Iglesia, Sancho-,y de la que terminó desmarcándose, “la nocilla”, “los mutantes” y todo eso, pues le salió rana. El promocionable/vendible a efectos de marketing resultó ser AFM, que le pones un micro delante y un proyector y te cuenta la fundación de Israel en tiempo real si hace falta.
Todo este rollo, a cuento de Tao Lin, por lo siguiente: no son tan distintos. LAs criticas de VLM me las paso por ahi. Sé de buena tinta, por estos y otros hechos, que este señor lo que quiere es figurar. Sí, caminando un poco a lo curilla, a lo Pynchon, si hace falta, creando aureola. Un ego alimenticio. _Y en ese sentido, mis respetos al señor Tao Lin, que retrata su mundo y su propio desquicie. Otra cosa es que dejemos a los mutantes que se gasten los 18 euros que cuesta la pieza. Aunque los mutantes y quiméricos tamagochis de la ficción figurita -lo que sea , por figurar- no los suelen pagar: se los envian las editoriales para animar un poco el cotarro.
“…su amistad le obliga y, por lo que sé, otras cosas más, también.”
¿?
milojk@gmail.com – Soy todo oídos, si es que yo soy el obligado por esas otras cosas más allá de la amistad: como no logro imaginar a qué te refieres, no sé si darme por aludido.
Por cierto, genial lo de “pa que no se apoltronen”.
Lo de poltrona y apoltronarse lo has dicho tu!
Lo acabé de leer ayer por la tarde. Me la he leído en-te-ri-ta. Y lo esperado: un peñazo monumental.
¿Y el final? ¿Se puede saber porque era tan buena pregunta “que te ha parecido el final”? El final es una memez a la altura del resto de la novela.
Bravo Tongoy, ¡un Gallifante!
Krmpo no soy yo, claro. Ay, cuánto tiempo libre…
Sí, ya me di cuenta. Supuse que sería Tao Lin haciéndose pasar por otro. Este chico es incorregible.