Estrellato y oportunismo

Loretta Napoleoni.

Foto de Mireya de Sagarra.

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RAÚL ARGEMÍ

Después de leer Garzón, la hora de la verdad, editado por Principal de los libros, nos preguntamos cuál era el sentido de recorrer la carrera profesional de este ex juez, y que Loretta Napoleoni lo compare recurrentemente con Barak Obama; paralelo al que ya llegaremos.

Loretta Napoleoni dice, respondiendo al primer interrogante:

Baltasar Garzón es un espejo de cómo somos. Un juez estrella, elevado a las alturas de la popularidad por los medios, en el que muchos depositaron demasiadas esperanzas. Es un espejo de cómo vivimos la democracia, delegando en otros la responsabilidad, en lugar de ejercerla nosotros cada día. Con estos personajes sucede que siempre nos equivocamos. Un día los vemos como los salvadores, y al día siguiente los crucificamos porque no respondieron a nuestras expectativas; siempre desmedidas”.

Le señalo que, casi como una conclusión de su libro, afirma que el caso Garzón ha puesto en descubierto las debilidades de la democracia española, pero que tengo mis dudas de que en otros países tengan menos debilidades. Sobre todo porque las campañas políticas, siempre necesitadas de fondos, son alimentadas con aportes de las cajas negras empresarias. Con lo que todo resultado padece un vicio de arranque: luego habrá que devolver esos favores. Hay que recordar que a Loretta Napoleoni se la reconoce como experta en financiaciones ilegales, especialmente del terrorismo.

“Es cierto. El financiamiento de los partidos políticos en todas partes es parecido. Sólo que España tiene un buen funcionamiento democrático, cosa que se demostró después del atentado de Atocha, cuando en 24 horas la gente cambió los resultados porque José María Aznar les había mentido. Fue un ejercicio de la democracia con responsabilidad que hay que cuidar. Además, los españoles no agredieron a los árabes que viven en su país, cosa que sí sucedió en Holanda. Eso hay que destacarlo”.

Pienso en voz alta que, sin embargo, el ataque de la derecha por lo de la revisión de los crímenes del franquismo alineó a la izquierda con Garzón, incluso a aquellos que critican su rol de juez estrella.

(Mueve la cabeza en negativa) “Eso es otro error, porque no sólo es la derecha. En su carrera de estrella se hizo muchos enemigos, en todas partes. Por ejemplo con las escuchas del caso Gurtel. Es necesario garantizar que un abogado pueda hablar en privado con su defendido, sea quien sea. A esos abogados no les gustó nada que los espiaran ilegalmente. No tengo dudas de que había corrupción, Pero un juez no puede violar la ley ¿qué nos queda, entonces? Por otra parte, se anularon esas pruebas ilegales y todos a la calle. Adiós caso Gurtel. ¿Quién dijo que Garzón es de izquierda, si nunca militó en la izquierda? Soy de la misma generación y en Italia, en los 70, estábamos los que militábamos en la izquierda y los qualunquistas (aprox: que les da lo mismo cualquiera) Garzón nunca fue de izquierda, aunque él se lo crea”.

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Baltasar Garzón.

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Productos de la Historia

Le digo que recurrentemente compara a Obama con Garzón, agregando que no se los puede entender sino como productos de la Historia, y agrego que, en todo caso, también Hitler y The Beatles fueron producto de la Historia. Se explica:

“Todos somos productos de la Historia. Sólo que algunos llegan muy arriba. Cuando Obama llegó al poder muchos pensaron que resolvería todos los problemas. En tiempos de crisis seguimos pidiendo un líder, una persona que haga milagros. Y Obama será el presidente, pero es una sola persona, no es el gobierno de EEUU, es débil. Garzón, con sus primeras actuaciones, permitió creer que por fin había llegado la justicia de la democracia, la no franquista. Pero él también es un hombre, un hombre solo, que no puede cambiar el sistema. El resultado, en los dos, es que se pierde el hombre y gana el personaje, la estrella. Luego, pasar de estrellas a víctimas es cuestión de un paso”.

Comento que uno de los últimos errores de Garzón fue destapar un pasado que los españoles no quieren destapar, con lo que se quedó muy solo. Además, ¿por qué remitirse a la Guerra Civil, cuando la mayoría de sus actores están muertos? ¿Por qué no revisar los crímenes posteriores, que tiene actores vivos, como Manuel Fraga?

“Porque es un oportunista. Construye su carrera a golpes de prensa. Meterse con los vivos lo llevaría a un terreno difícil, muy difícil. Con los muertos podía hacer algo así como una declaración testimonial. ¿Qué sentido tenía destapar tumbas para ver si allí estaba García Lorca? ¿A él le importa García Lorca? Lo que le importa es que eso suena mucho. Creo que ha jugado con el dolor de la gente, y eso no se puede hacer”.

Le recuerdo que hace un paralelo también con Giovanni Falconi, el juez antimafia italiano, que fue asesinado. A mi entender eran parecidos en el rol que adoptaban, de cruzados en una lucha personal. Sólo que Falconi tenía un perfil más bajo.

“Falconi nunca fue una estrella judicial. Muchos supieron de su existencia cuando lo mataron. Falconi se había juramentado a llevar la lucha hasta el final, hasta terminar con las mafias. Garzón nunca ha llevado nada hasta el final”.

En todo caso, digo, los italianos han aceptado la convivencia con esas organizaciones, y Falconi murió en una pelea solitaria.

“Es cierto. Berlusconi es un ejemplo de la aceptación de métodos no democráticos. A los italianos les gusta Berlusconi, sus chicas, sus desplantes”.

Reflexiono sobre las imposiciones de la política real. Japón se reconstruyó sobre tres patas: el gobierno, las empresas y la Yakuza; la mafia japonesa. ¿Es posible gobernar sin entender que los narcos son un poder en Colombia, y las mafias lo mismo en Italia?

“Se dice que, mientras Falconi iba a todo o nada contra los mafiosos, el gobierno estaba negociando con ellos. Se dice que lo dejaron solo y la mafia lo mató. Pero eso no se ha podido probar. Creo que ante esos problemas hay que actuar con las dos manos. Especialmente cuando el problema es el terrorismo. El terrorismo no se pude combatir con la policía, necesita respuestas sociales, políticas y de conjunto. Los cruzados, los solitarios, están destinados a perder”.

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La justicia universal

En su libro imagina una conversación entre Henry Kissinger y Baltasar Garzón. Kíssinger, aferrado a la “real politik”, defiende el derecho de los más fuertes a imponer sus políticas. Garzón, defiende a la judicatura como la herramienta válida para conseguir la “justicia universal”. Uno sostiene el derecho de la fuerza, de las bestias, y el otro responde desde la irrealidad.

(Sonríe) “La justicia universal no existe, es un invento reciente; pero no existe. Sólo los países débiles están expuestos a La Haya, los fuertes la ignoran. El punto de vista de Kissinger es brutal, pero se acerca a lo que sucede, aunque no nos guste. El de Garzón es una entelequia, muy alejada de la realidad”.

Digo que, con su partida hacia La Haya, Garzón se ha sumado a otra estrella mediática, el ex fiscal argentino Luis Moreno Ocampo.

(Vuelve a sonreir) “En la Haya se dice que Moreno Ocampo no va a durar mucho. Ahora promueve acciones contra Gadaffi. ¿Por qué no lo hizo hace tres meses? ¿Gadaffi era otro? No, es oportunismo. Ambos construyen sus carreras sobre el oportunismo”.

Confieso que al leer “Garzón, la hora de la verdad” se me generaron dudas acerca de quién era Loretta Napoleoni, y desde dónde observaba y opinaba. Hablar con ella me dejó algo en claro: no compra fantasmas. Tal vez tiene mucho que ver un abuelo que combatió en dos guerras, un padre guerrillero y una familia politizada que la compromete en la defensa de la democracia.

Sea como fuere, este libro actúa como un espejo. Se centra en Garzón, pero habla de nuestras debilidades, de cómo queremos confiar en los iconos mediáticos y de qué manera nos alejamos de la política activa y les cedemos el poder. Tanto que pueden hacer pedazos las reglas del juego democrático, como pequeños dictadores, y nos negamos a evitarlo.

Alguien dijo hace mucho tiempo: El poder no es algo que se obtiene. El poder es algo que te reconocen los otros. Cuando cedemos el poder, perdemos el dominio sobre nuestras propias vidas. Somos rehenes.

Un buen punto de partida para leer un libro.

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GARZÓN, LA HORA DE LA VERDAD

Loretta Napoleoni

PRINCIPAL DE LOS LIBROS



Vida

Nacida en Roma, en 1955, Loretta Napoleoni es economista, periodista y analista política. Es una experta en la financiación del terrorismo y asesora a diversos gobiernos en la lucha contra el terrorismo. También es socia fundadora de GRisk, agencia sobre el riesgo con sede en Londres. Como presidenta del grupo de financiación en la lucha contra el terrorismo, el Club de Madrid, Napoleoni ha contado con jefes de Estado de todo el mundo para crear una nueva estrategia de lucha contra la financiación de redes terroristas.
A mediados de los 70, centró su activismo político como destacada integrante del movimiento feminista. Obtuvo la beca Fulbright de la Universidad John Hopkins, en Estudios Internacionales Avanzados de la Paul H. Nitze School en Washington y también una Rotary Scholar en la London School of Economics.
Como economista ha trabajado para varios bancos y organizaciones internacionales en Europa y EE.UU. A principios de los 80, trabajó en el Banco Nacional de Hungría sobre la convertibilidad del florín, proyecto que después se convertiría en el origen de otro proyecto: la conversión del rublo una década más tarde. Además, ha sido consultora de la FAO, la organización mundial para la alimentación y la agricultura de Naciones Unidas, y para el BERD, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.
Desde los años ochenta ha ejercido como corresponsal para periódicos económicos italianos y para revistas de ese país, incluyendo al Corriere della Sera, y el Milano Finanza. Para estas y otras publicaciones ha efectuado numerosas entrevistas a ex miembros de las Brigadas Rojas italianas, a miembros de otras organizaciones terroristas, a políticos y a magistrados italianos. También colabora con Le Monde y El País. A principios de los noventa, tras el primer atentado en el World Trade Center de Nueva York, Napoleoni se especializó en terrorismo árabe internacional. Desde entonces, gracias a su trabajo como consultora, ha viajado con asiduidad a Pakistán, Turquía, Irán, Irak, Siria y otros países de Oriente Próximo, donde ha tenido oportunidad de entrar en contacto con líderes políticos y económicos de primer orden. Loretta Napoleoni vive en Londres y Whitefish, Montana, con su marido y sus hijos.

Obra

Economía canalla (Paidós, 2008)
La mordaza (Paidós, 2010)
Garzón. La hora de la verdad (Principal de los Libros, 2011)