Leer mola

Acceder a la literatura se puede hacer desde muy diferentes vías que reconcilien al individuo con la lectura y con el placer de leer. Es cierto que en la sociedad que acontece la lectura no es una de las prácticas que goce de mejor salud, sobre todo cuando los hábitos han cambiado y los teléfonos móviles y los ordenadores arrebatan mucho del tiempo que antaño dedicábamos a la lectura.

Sin embargo, leer mola y seguirá molando. Se puede llegar a amar la literatura desde muy diferentes vías; puede iniciarte un profesor de cabecera en el instituto, puede abrirte el apetito lectivo un amigo, puede que el hábito lector de los padres inspire a los hijos, etcétera. Obviamente nos referimos a literatura con unos mínimos de calidad, ya que también existe el caso de jóvenes que abogan por leer libros mediocres como ‘Cincuenta sombras de grey’ por una simple corriente de moda bastante boba.

Hay una obra literaria que medita con maestría acerca del proceso de acercamiento que experimentan el individuo y el libro, hablamos de ‘Si una noche de invierno un viajero’, de Italo Calvino. Sobre todo en el primer capítulo de la novela –luego Calvino va ofreciendo alternativas en su recurrido al lector-, apreciamos cómo el autor va describiendo paso a paso el ritual que hay que seguir antes de disfrutar de un libro.

Y es que, según cuenta Calvino en los albores de ‘Si una noche de invierno un viajero’, hay que encontrar la postura idónea para leer, la concentración apropiada, el contexto perfecto, la luz precisa, y el momento oportuno.

Calvino establece además en este primer capítulo unas ingeniosas clasificaciones acerca de los libros que el individuo debería haber leído y denuncia con cierta gracia cómo la conducta del lector lo lleva a quedar paralizado por el diseño de las portadas, por la obligatoriedad común de leer ciertas novelas, por el disimulo de decir que hay libros que ha leído sin acabar, por las mentiras piadosas al opinar sobre un libro que no ha leído, etcétera.

La conjura de los necios, Kennedy Toole

Si hubiera que recomendar a un post adolescente un libro que le hiciera dar un salto desde la literatura más juvenil a la meramente adulta, y teniendo en cuenta que esa lectura debería servirle de puente y como dulce transición entre la intensidad intelectual de discursos narrativos, tal vez ese libro fuera ‘La conjura de los necios’, de John Kennedy Toole, obra publicada de forma póstuma en 1980 y que un año más tarde obtuvo el premio Pulitzer.

El entretenimiento está asegurado, el joven de los cerrajeros Benidorm que la lea no se aburrirá en ningún momento e incluso las carcajadas a través de las páginas están aseguradas. Obviamente, esta obra ya tiene nada que ver con la literatura juvenil, aunque sigue conservando su alma joven y de conquistar a todo tipo de lectores. Por todo ello, ‘La conjura de los necios’ es un libro cien por cien recomendable para aquellos jóvenes que quieran ahondar en la lectura y que quieran descubrir nuevos mundos literarios y narrativos.

Y es que el personaje de Ignatius J. Reilly puede llegar a convertirse en el mejor de nuestros amigos, en un héroe maltrecho y metepatas al que acabaremos por adorar y detestar en función de los momentos. Su concepción arcaica de la moral, su resistencia a someterse a los dicterios de la sociedad capitalista más radical y a desempeñar su trabajo de forma cabal y su tendencia a llamar la atención acaban por dibujar a un tipo entrañable que, conforma avanza la novela, también se irá enredando con otros personajes iguales de mágicos y entrañables.

La diversión no está reñida en la novela con el más puro de los aprendizajes, pues en las páginas de ‘La conjura de los necios’ hay una dura crítica a la sociedad y a los modos de vida de los habitantes del sur de los Estados Unidos. El egoísmo, la crueldad y la velocidad con los que la sociedad se mueve acaban por diseccionar el alma de la condición humana.

Shakespeare

El 16 de mayo de este año, hace escasas semanas, se cumplieron nada más y nada menos que cuatrocientos años de la muerte del que quizá sea el mayor genio que ha dado la literatura universal, William Shakespeare. Esta efeméride debe servir como una excusa maravillosa para empezar a leer a Shakespeare, para recuperarlo, para volverlo a leer, para regresar a él y disfrutarlo.

¿Habrá algo más entretenido que pasarlo bien con la lectura de ‘Sueño de una noche de verano? Es momento de volver a divertirse con los líos amorosos de Hermia, Helena, Lisandro o Demetrio; de enamorarse de Puck y el hada; de soñar. Las comedias editadas en castellano sobre William Shakespeare, cuyas traducciones por lo general son de mucha calidad y respetan la esencia del original, son un divertimento que nunca falla.

Cuatro siglos después de que el genio abandonará la vida en nuestro planeta, tal vez sea hora de volver a vengar la muerte del Rey Hamlet acompañando a su hijo, el príncipe Hamlet. Tal vez sea hora de paladear las reflexiones de Polonio ante Laertes.

Y por supuesto, este año 2016 debe valernos para descubrir el amor más profundo a través de Romeo y Julieta, para descubrir la dimensión de la avaricia en ‘El mercader de Venecia’, para enfrentarnos a la maldad en `Macbeth’ o para contener la respiración con cada página de ‘Otello’.

Este es un año además para descubrir otras obras menos conocidas de William Shakespeare, como ’La tempestad’, ‘Mucho ruido y pocas nueces’, ‘La fierecilla domada’ o ‘como gustéis’. También sería bello dejarse seducir por el poder de ‘Julio César’, ‘Ricardo III’, ‘Enrique V’ o ‘El Rey Lear’, este último, retrato fastuoso de cómo el tiempo pone cada cosa en su sitio y de cómo la vida, a pesar de ser injusta, a veces tiende hacia un cierto equilibrio.

Cierra la mítica Beta de Sierpes

La industria cultural, y más concretamente la industria editorial, atraviesan por un momento de crisis, de cambio y necesidad de reinventarse; todo ello genera un escenario de incertidumbre en el que los negocios editoriales se ven obligados en muchos casos a experimentar una catarsis.

betaAsí, en Sevilla las noticias no son buenas, después de que Beta haya cerrado su librería que tenía en pleno centro de la ciudad, en la mismísima calle Sierpes. Además Beta está ultimando en estas semanas un ajuste de plantilla. Y es que la situación de la única cadena andaluza de venta de ejemplares literarios se encuentra sumida en una situación complicada y compleja, ya que tiene dificultades para pagar nóminas.

La mítica librería Beta había intentado en los últimos años reinventarse, por lo que pasó a convertirse en Beta Book Café y a ampliar su oferta. Pero Beta, propiedad del Grupo ZZJ, no ha conseguido tampoco esquivar la tormenta con estos ofrecimientos lúdicos al cliente de poder tomar cafés y demás cosas. Llegados a este punto, y con una falta de libros en las estanterías que cada vez era más manifiesta y con la incapacidad para seducir al lector a través de la oferta y la innovación literarias, Beta ha echado el cierre definitivo en los números 26 y 28 de la calle Sierpes, en esas hermosas instalaciones que un día fueron un teatro. Y que de aquí en adelante se podrá decir que fueron una librería.

De momento Beta no tiene previstas echar el cierre en sus dos establecimientos del barrio de Los Remedios, en Sevilla, situados en las avenidas República Argentina y Asunción; aunque la progresiva decadencia que está envolviendo a las librerías hace que las perspectivas no sean muy positivas, tampoco en las librerías Beta de Huelva, Jerez o Córdoba. El cambio de hábito en el consumo literario también está generando quebraderos de cabeza a los empresarios de la industria editorial. Saber adaptarse a los cambios sin salir herido de muerte será el mayor de los éxitos.

La autoayuda, los best sellers

Entre los libros más vendidos de los últimos años, cada vez se cuelan más obras destinadas a la autoayuda del lector. Los libros que ayudan a la persona a ser feliz han encontrado un maravilloso filón; corren tiempos de desesperanza y de frustraciones, por lo que cada persona parece estar loca por pillar un poco de felicidad antes de que la ausencia eviterna de la muerte llegue.

Tony Robbins escribió ‘Poder sin límites’, donde cuenta lo que se debe hacer para obtener la vida que el individuo siempre soñó con tener. Por su parte, el autor Carlos Fagra insistió en ‘Conciencia de riqueza’ en la búsqueda de la felicidad, para lo cual la persona debe encontrarse antes a sí misma y dar un giro a su rutina.

‘Cimas y valles’, de Spencer Johnson –este autor se hizo célebre entre la literatura de autoayuda merced a la publicación del ilustre ‘¿Quién se ha llevado mi queso?’-, detalla la historia de una joven infeliz que habita en un valle y que es capaz de descubrir la felicidad gracias a un anciano que mora en la cima de una montaña.

Visto el percal de una parte de la escena literaria en nuestro país, se echan de menos los discursos de los clásicos de toda la vida. Y es que los libros de autoayuda, igual que las religiones o las drogas, se valen de la desesperanza de la gente para contarle evidencias sobre cosas que les pueden ayudar.

Poco les importan a estos escritores las condiciones económicas, sociales y contextuales en las que se desarrolla la vida en occidente. Y es que ser feliz en pleno siglo veintiuno no es una tarea tan fácil y tan estúpidamente ágil como cuentan los libros. Ninguno de estos autores hasta ahora ha publicado obra alguna sobre cómo ser feliz cuando en tu país hay guerra, cuando no tienes dinero para comprar comida ni trabajo que cambie tu situación, cuando te van a desahuciar o cuando eres madre soltera y la sociedad se vuelve una jungla que día a día te devora.

El legado de Galeano

El legado literario que Eduardo Galeano ha dejado a la humanidad tras su muerte es una auténtica delicia. Pocos escritores han tenido en los últimos siglos una capacidad similar a la de Galeano para enfangarse en la realidad de los de abajo. Libros como ‘Las venas abiertas de América Latina’ marcaron un antes y un después; en las páginas de esta obra, el autor uruguayo repasaba la terrible conquista de los españoles en la América de finales del siglo quince y principios del dieciséis.

La versatilidad literaria de Galeano y su capacidad para disfrazarse de autor popular sin dejar atrás sin indiscutible virtud intelectual acabaron por hacer de él un escritor imprescindible, una especie de Bertolt Brecht más campechano. Desde la prosa más densa hasta los relatos más cortos y minimalistas, Galeano dejó impreso en los corazones de todos los buenos lectores del mundo su infinita imaginación.

‘El cazador de historias’, ‘El libro de los abrazos’ o ‘Los hijos de los días’ pusieron de manifiesto la enorme envergadura intelectual y literaria del autor y de sus lectores, entre ellos cerrajeros Oviedo. Deliciosas fueron también las pequeñas historias que conformaban ‘Días y noches de amor y de guerra’, donde los conflictos bélicos, los movimientos totalitarios y las revueltas sociales y revolucionarias de América Latina en el siglo veinte eran narradas a partir de intrahistorias. Guatemala, Nicaragua o Argentina latieron en las páginas de Galeano a través de los pequeños personajes que fueron capaces de hacer grandes cosas y de cambiar el rumbo de la historia.

En la literatura y en el pensamiento de Eduardo Galeano quedaron de manifiesto también su apoyo a la Revolución Cubana y a la Revolución Bolivariana; Galeano fue uno de los intelectuales más cercanos a Chávez, lo que le valió para narrar y argumentar la magnitud heroica del comandante en la reducción de la pobreza en Venezuela. El fútbol fue otro de los apartados donde Galeano mejor sacó a pasear su pluma; inolvidable es la narración de ‘El fútbol a sol y sombra’.

Ediciones en Huida

Ediciones en Huida es un ejemplo de cómo es posible luchar en el mundo editorial frente a sellos muchos más poderosos sin morir en el intento. El artífice de esta apuesta no es otro que Martín Lucía, poeta sevillano que inauguró el periplo de su editorial con un poemario propio, ‘Desperfectos’. Este libro, autoeditado por Lucía, sirvió como preámbulo a todo lo que vendría después.

Y es que, al llegar la crisis económica que tan duro ha azotado y sigue azotando al Estado español, Martín Lucía apostó por dar un paso al frente para combatir la falta de oportunidades laborales y artísticas en las que iba a verse atrapado. Así que desde 2010 Ediciones en Huida pone en marcha su maquinaria, contando con otro poeta como Pedro Luis Ibáñez como el segundo aval del sello.

Martín lucía y Pedro Luis Ibáñez ejercen las labores de editores, de libreros y de gestores culturales, toda vez que tienen que moverse por todos los lados posibles para hacer que los autores a los que editan tengan el hueco que les pertenece. Las ferias de libros se han convertido en el último lustro en uno de los hábitat en los que los pequeños editores tienen que saber moverse, y Ediciones en Huida no ha sido una excepción.

La editorial ha sabido además adaptarse a los tiempos, pues todos sus libros están disponibles en formato e-book para los lectores. La oferta de Ediciones en Huida es bien amplia, aunque bien es cierto que empezó prestando especial atención a la poesía. El relato corto o el ensayo son otros de los géneros que la editorial potencia, siempre con la premisa de sacar a relucir a nuevos escritores de talento. Autores como Juan Cobos Wilkins, Emilio Ferrín, Edgar Borges o Borja de Diego han enriquecido con sus obras el nombre de Ediciones en Huida.

La fórmula Miralbes, Braulio Ortiz

El escritor y poeta sevillano Braulio Ortiz se ha lanzado a la creación de una novela con ‘La fórmula Miralbes’, publicada por la editorial Caballo de Troya en este 2016. Se trata de un libro que se lee rápido, ya que dispone de apenas unas ciento cincuenta páginas. Braulio, asiduo escritor de poesía –en la retina de los lectores ha quedado ya aquella magnífica obra que se tituló “Cuarentena”, aunque también ‘Hombre sin descendencia’ era un poemario dotado de una gran calidad y ternura léxica- ha apostado ahora por la novela, y parece haberlo hecho con mucha fuerza.

‘La fórmula Miralbes’ está contada como una especie de reportaje; si tenemos en cuenta que el autor Braulio Ortiz es periodista cultural en Diario de Sevilla, los matices narrativos cercanos al periodismo nos encajan aún más. Sin llegar a estar inspirado del todo en su escritura por escritores del Nuevo Periodismo Norteamericano como Truman Capote –aunque sí que hay rasgos comunes-, Ortiz se encarga de contar, describir y mecer la historia de una escritora de gran éxito como Silvia Miralbes.

Esta afamada escritora se encuentra en el crepúsculo de su carrera literario y ya tiene poco que aportar al mundo de la literatura. Es entonces cuando decide que su última obra sea terminada por otra persona, curiosamente un negro. Pero la peripecia trasciende y todos los personajes tendrán que dar la cara.

La novela sirve para destapar los sucios entresijos del negocio editorial y para poner el grito en el cielo sobre una sociedad corrupta y negligente hasta en sus más profundas entrañas. Silvia Miralbes, la editorial, el propio escritor que la releva, la agente de Miralbes y el periodista que destapa el escándalo tendrán que desnudar su pasado y su personalidad en la novela. Sin duda, uno de los secretos de que ‘La fórmula Miralbes’ funcione es la genial descripción de los personajes y cómo éstos son desarrollados en las páginas del libro.

El Extranjero, Albert Camus

‘El extranjero’ es una novela excepcional, la primera que parió el eximio escritor francés Albert Camus. Su lectura es rápida, ya que no tiene muchas páginas, por lo que es aún más obligado que esté incluida en la agenda de obras imprescindibles de todo buen lector que se precie. El baño de nihilismo que cubre la escritura de Camus y que se apodera del alma del joven señor Mersault en su viaje a través de las páginas del libro acaba por conformar una personalidad literaria única.

La pasividad del protagonista resulta impactante al lector; en realidad parece que todo le da igual al señor Mersault, que no muestra ilusión por amar, por vivir, por soñar. Se muestra escéptico ante todo lo que le rodea, por lo que nada logra activar su vitalidad y su optimismo.

Debemos situarnos en la capital de Argelia, Argel, donde transcurre la historia que Albert Camus nos narra. Otra de las virtudes de la escritura de Camus es la capacidad para hacer que las sensaciones del protagonista se hagan extensibles al lector; así, podemos llegar a sentir el calor seco del verano de Argel, podemos sentir las gotas de sudor resbalar por nuestra cara y podemos sentir el dolor por haber matado como producto de la confusión más absurda.

Y es que en ‘El extranjero’ la sociedad ha dejado de preocuparse por lo que le pase al individuo. La vida se desarrollar en comunidad pero sin generar en cada uno de sus miembros un sentimiento de pertenencia que les haga salir de la más profunda de las soledades.

Especialmente inquietante, lenta y dolorosa es la descripción que se hace del viaje del señor Mersault hasta la residencia donde su madre acaba de morir. No hay dolor por la ausencia de quien muere, sino dolor por el vacío de quien sigue vivo; la incomunicación entre madre e hijo ha acabado por esparcir cualquier sentimiento de amor. El señor Mersault tampoco es capaz de amar a una compañera de viaje; sus reacciones son tan sórdidas que es capaz de pedir matrimonio sin sentir una pizca de ilusión por el futuro en común.