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1988- Skármeta en la casa de Neruda en Isla Negra. De su álbum de fotos.
Por la foto de portada: Mireya de Sagarra
A veces los dictadores meten la pata. En 1988, Augusto Pinochet decidió que era hora de darle un barniz democrático a su dictadura, y convocó a un plebiscito. Si ganaba el “Sí”, seguiría gobernando ocho años más, por la voluntad de los chilenos. Si ganaba el “No”, prometía convocar a elecciones a corto plazo. Es un hecho histórico que ganó el “No”, con más del 50% de los votos, y hubo elecciones. Condicionadas, pero eso es ya otro cantar.
Antonio Skármeta, con Los días del arcoíris, se propone una recreación ficcional de lo que sucedió en aquel plebiscito. Con un atractivo cruce entre los hechos reales y la imaginación, logra una novela que se lee sin esfuerzo y que consigue lo que tal vez se propone: decirnos que, a veces, los dictadores sucumben ante la alegría. En algún momento de la lectura me vino un rebote de la memoria, y me encontré pensando en la peli de los Beatles El submarino amarillo. Allí también la música y la creatividad lograban derrotar a los amargos Azules.
Los días del arcoíris tiene dos protagonistas. Uno es Adrián Bettini, brillante creativo publicitario que está sin trabajo porque lo han colocado en las listas negras. El otro es Nico, un joven de 18 años, hijo de un profesor de filosofía de colegio secundario, a la vez que “pololo”, noviecito, de la hija de Bettini.
Bettini es convocado por el gobierno para que haga la campaña del “Sí”. El gobierno se reserva todos los espacios y todas las horas para sus spot publicitarios, pero, en un alarde democrático, a la oposición le deja quince minutos diarios por unos pocos días, antes de la votación.
Parece broma, pero Chile sigue allí, porque un día, cuando Nico asiste a la clase de su padre:
“… estábamos con el Mito de la Caverna cuando entraron dos hombres de pelo corto y bien afeitados y le dijeron a papi que los acompañara.
Mi papá miró la silla donde había dejado su impermeable, y uno de los hombres le dijo que lo llevara consigo. Mi papá lo tomó y no me miró.
Es decir, no sé cómo explicarlo pero me miró sin mirarme.
Y era raro, porque cuando los dos hombres se llevaron a papá, todos los muchachos de la clase estaban mirándome”.
-Cuando terminé de leer esta novela pensé que era una celebración que recrea un día de fiesta. La fiesta del “No” a Pinochet.
-(Sonríe) Es que aquello fue una fiesta. Una demostración de que la creatividad y la alegría son armas muy poderosas. Después la gente ya no fue la misma. Hasta ese momento parecía que Pinochet no se iría nunca, que no había manera de sacarlo, y para muchos la única ilusión de futuro era irse de Chile. Fue la fuerza de los artistas, de los creadores, la que concibió una campaña que hizo que la gente votara por la esperanza.
-Supongo que si se hubieran permitido apuestas, el “Sí” hubiera sido el favorito.
-(Ríe. Skármeta es un hombre de risa fácil y afabilidad contagiosa) ¡Las apuestas hubieran pagado cinco a uno! En mi novela lo dice Patricio Aylwin, el primer presidente de la vuelta a la democracia. Los pinochetistas estaban seguros de que ganaban, los otros, de que podían hacerle fuerza. Lo que pasa es que, en el fondo, los chilenos estaban cansados de tanto Pinochet. Hasta la derecha menos extrema, y los empresarios, querían presentar al mundo una cara más potable. Estaban cansados de su gobierno. El lema del “Sí” era Pinochet o el caos, pero no les fue suficiente; la gente quería más.
Bettini dice no:
“-Bien, Bettini. ¿Qué me dice?
-Lo he pensado mucho. Gracias, ministro, pero no.
-¿Por razones morales?
-Por razones morales, señor.
Se puso de pie y estiró los bordes de su chaqueta.
-Pero su conducta ahora no tiene nada de moral. No es ético rechazar una oferta por discrepancias políticas con alguien. Imagínese un médico que rehúsa atender a un enfermo porque es su enemigo político. ¿Diría que su conducta es ética?
-Si el enfermo es Pinochet, francamente sí, señor”.
-Adrián Bettini, se niega a hacer la campaña oficial, y termina haciendo la de la oposición.
-En este personaje resumí a todos los publicitarios que se la jugaron para hacer aquella campaña. La cosa era difícil porque había que convencer a los indecisos. Los pinochetistas lo tenían claro, y los opositores también, pero los indecisos eran muchos, y había que darles un argumento para que creyeran que decirle “No” era posible, y servía para algo.
También era difícil porque en la oposición había de todo, desde demócratas cristianos hasta socialistas. Por eso un gran hallazgo fue el logo, la imagen de la campaña, que fue un arcoíris. Todos los colores, todos distintos, pero una misma cosa y, como dice Bettini, al arcoíris sale después de la tormenta y es alegría.
-Los demócratas cristianos desestabilizaron a Salvador Allende con sus manifestaciones y caceroladas.
-Es cierto, echaron leña al fuego de la insurrección. Pero la guerra contra Allende ya había comenzado incluso antes de que asumiera la presidencia. Es bueno preguntarse cómo hubiera gobernado si no hubiera estado en medio de la Guerra Fría. Allende era un demócrata, pero lo acosaron desde el principio porque no toleraban un socialista en el gobierno de Chile.
Bettini concibe la alegría:
“-Sé que el “No” no es un producto. Pero para convencer a la gente, Pinochet ha hecho publicidad en la televisión durante quince años. A mí sólo me dan quince minutos para seducir a los “indecisos” a que voten contra él. Tengo que excitar a los chilenos a que compren algo que hoy no hay en el mercado.
-¿Qué?
-¡Alegría!”.
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“La alegría ya viene”. Pieza de la campaña por el “No”.
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-Una de las piezas estrella de esa campaña concreta esa apelación. Una manera de decir: terminenos con la tristeza. Tiene música pop, muy pegadiza, y toda la gracia de los buenos comerciales. Pero en tu novela la cosa tiene origen en una ocurrencia de Raúl Alarcón, “Florcita Motuda”, que le pone muchos “no” al vals Danubio Azul de Johann Strauss. Es un personaje muy simpático y, curiosamente, el único real de esta ficción.
-(Sonríe) “Florcita Motuda” tuvo su parte en esta historia, y como tiene esa cosa rara, de músico excéntrico, me parecía justo que estuviera en la novela, porque él parece de ficción. “Florcita Motuda” se define surrealista chileno, y es un gran compositor, con mucho talento, pero siempre saliéndose del molde.
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“Vals Imperial del No”. Por Florcita Motuda y Johann Strauss, editado para la campaña contra Hugo Chávez en Venezuela.
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Nico y la sombra de Pinochet.
“Hemos llegado hasta el farol. Con un gesto rudo, un funcionario policial de civil que lleva una especie de escarapela en la solapa le indica a Bruna la gruesa lona tendida en el suelo que cubre algo. El teniente le ordena con un ademán de la barbilla que la levante. El agente obedece desplegando la lona en toda su extensión. Es el cuerpo de un hombre”.
-Los personajes tienen la sensación de estar jugándose la vida, porque al mismo tiempo que incuban la campaña siguen los desaparecidos, como el padre de Nico; y los asesinatos.
-Ese es uno de los méritos de los artistas que pusieron la cara para las piezas publicitarias. Ellos eligieron no esconderse.
-Una observación. Los días del arcoíris es una novela diáfana, que se lee con facilidad. Los diálogos y los capítulos están delineados con eficacia de puesta en escena. ¿Me equivoco si se lo atribuyo a tu experiencia como actor y director de teatro?
-(Ríe gozoso) ¡Me alegra tanto que lo hayas notado! ¡Por supuesto! Siempre pienso mis novelas desde el teatro, desde los personajes y las escenas. El teatro está en el comienzo de lo mío, y en esta novela también está el teatro. En las representaciones en que participa Nico y en el uso que hace de Shakespeare, para decir lo que no está permitido decir. ¿Cómo podría ser de otra manera? Cuando me preguntan cuál es, para mí, el mejor escritor moderno digo: William Shakespeare. Escribió sobre todos los temas que realmente importan. ¡Sobre todos!
-Por último. ¿En qué estás ahora?
-Vengo, hace tiempo, con una novela que tal vez me ponga y la termine. Una historia de latinos en Nueva York; cuando todavía no se había puesto de moda la salsa, ni eran tan reconocidos.
-En tus inicios estudiaste e hiciste teatro en Nueva York. ¿Por ahí van los tiros?
-(Ríe) Por ahí van… y el teatro tendrá mucho que ver en esta novela.
Los días del arcoíris, Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2011, es un canto a la esperanza. Seguramente hubiera pensado lo mismo la banda del Sgt Pepper.
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LOS DÍAS DEL ARCOÍRIS
Antonio Skármeta









Hermosa la novela, terminé de leerla y acá estoy rastreando en la web todo lo que me mantenga un rato más,cerca de los personajes.
¡Gracias Skarmeta!