Sobre una abrumadora mayoría

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En portada y aquí, Cristina Fernández de Kirchner.

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ABRUMADORA MAYORÍA

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KIKE FERRARI

Con un pie puesto en el progresismo (Asignación Universal por Hijo, ley de Medios, Matrimonio Igualitario) y otro en la reacción (encarcelamiento de dirigentes sindicales clasistas, aumentos menores al Índice de inflación, superavit fiscal improductivo, militarización de los barrios pobres), en medio del crecimiento sostenido (Argentina sigue produciendo principalmente materias primas, pero estas están teniendo un gran valor en el mercado mundial) apuntalado por políticas neo-desarrollistas y sin rivales que le disputen poder a la vista, Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta presidenta de la Nación argentina por una abrumadora mayoría.

A su izquierda, el Frente Amplio Progresista de Binner hizo una buena elección, posicionándose en segundo lugar.

Y apenas a su derecha, el radical Alfonsín mostró los signos vitales de un partido que parecía muerto.

Detrás, el resto.

Podría pensarse, entonces, que la derecha más rancia está liquidada. Pero no es así: ese espacio, lo ocuparon cadáveres políticos (el ex patrón de Kirchner, Eduardo Duhalde; Adolfo Rodriguez Saa; Lilita Carrio) mientras sus dos principales nombres decidieron esperar hasta el 2015 y este año dar pelea sólo en sus distritos.

Y triunfaron : Macri, desde la oposición, en la Capital; Scioli, desde dentro del kirchnerismo, en la Provincia de Buenos Aires, con un porcentaje superior al de CFK en la nacional. En la Provincia, además, el espacio de Alfonsín -con una lógica interna similar a la del oficialismo- llevó al ultraderechista De Narvaez, quien entró segundo, muy por encima de Martín Sabatella, la cara progre del kirchnerismo bonaerense.

En el otro extremo del arco -para quienes creemos que lo que hay que empezar a poner en debate no es qué capitalismo queremos, sino el capitalismo en sí mismo- la elección del Frente de izquierda y los Trabajadores (un embrión de unidad entre las organizaciones de tradición marxista) es una buena noticia. Un nuevo paso para construir una voz anticapitalista y de clase que rompa el discurso hegemónico. Ahora nos tocará a ajustar las tácticas, fortalecer y ampliar la unidad y, más que nunca, no confundir lo real con la verdad.

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 CUANDO LA REALIDAD MANDA

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RAÚL ARGEMÍ

Si algo en el mundo resulta difícil de explicar a un europeo, no es la Ley de la Relatividad, sino la política latinoamericana y, en especial, un fenómeno peculiarmente argentino como el Peronismo.

Les molestan, sobre todo, las formas exteriores: que un indio “con chompita” sea presidente en Bolivia, que un militar con camisa roja que canta rancheras sea líder en Venezuela, que una mujer con puño de hierro que grita sus consignas desde la tribuna, pueda conducir Argentina y ganar por amplia mayoría.

Prefieren a la gente con corbata, aunque se llame Berlusconi, y agasajan a los raros, hasta que llega el momento de apoyar, política y militarmente, a sus empaladores, como ha sucedido don Kadafhi. La campaña sistemática del diario El País contra los Kirchner tiene todo de esa pacatería cheta –pija— para encubrir intereses más profundos.

Por eso y para decirlo en términos simples: Cristina Fernández no representa lo ideal, el máximo de las aspiraciones sociales. Pero no hay nada mejor a la vista. No al menos que pueda acceder al poder. Y sin poder lo que nos queda es el testimonio.

No hay nada mejor entre los grandes perdedores de estas elecciones, los partidos tradicionales del arco centrista, que arrastran historias de fracasos estrepitosos y persisten en una extraña mezcla de ideas neoliberales y folklore local. Como en el caso de Berlusconi, para tomar un ejemplo casi de opereta, que no haya oposición creíble es una responsabilidad de la oposición, y no del otro.

Sólo que, como señala Kike Ferrari, se hace evidente, para completar las propuestas y profundizar en ellas, la necesidad de consolidad un sector de izquierda. Una izquierda que, en los últimos decenios se agostó en sí misma mirándose el ombligo y alimentando polémicas intestinas que no interesan a nadie y los apartaron drásticamente de los votantes. Es cierto, ser pocos, pero los mejores, los que entienden, los incomprendidos, alimenta el ego, pero…se parece demasiado a cualquier secta religiosa salvacionista. Y las sectas, al fin, siempre son conservadoras.

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DESEMPOLVANDO FANTASMAS

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 GUILLERMO ORSI

Al día siguiente de una elección en la que Cristina Fernández de Kirchner ganó con el 54% de los votos, alguna prensa nacional e internacional ya desempolva los fantasmas del poder absoluto. Quienes vivimos en Argentina sabemos que mienten, que desinforman, que han empezado ya su tarea de aislamiento a la democracia argentina y a la unidad latinoamericana reivindicada por Cristina en la misma noche de su victoria.

Como lo hicieron los principales medios de prensa nacionales a lo largo de los últimos años, el diario “El País” de España llevó adelante una campaña sostenida contra el gobierno “de los Kirchner” en Argentina. El último aliento de esa campaña fue la nota publicada ayer por la ensayista argentina Beatriz Sarlo. Sin embargo, Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta con el 53% de los votos, aventajando por 37 puntos a su inmediato seguidor, Hermes Binner.

La animadversión de los medios de prensa dominantes en España reconoce su origen en medidas sobre las cuales el gobierno de Cristina Fernández cimentó su recuperación, luego de la derrota electoral en las parlamentarias de 2009: la recuperación de los fondos expropiados a las cajas jubilatorias durante la década del ´90 para alimentar el negocio de las AFJP (Administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones), negocio en el que participaron bancos de primera línea como el Santander y el BBVA. Tampoco fue ajena a la hostilidad manifiesta de estos medios la sanción de la llamada “ley de medios” en Argentina, que pone sobre el tapete la propiedad monopólica de los medios de comunicación y su imbricación con negocios como el de las telefónicas o el papel, y del que el Grupo Prisa ha participado en asociaciones con el Grupo Clarín.

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