Shakespeare

El 16 de mayo de este año, hace escasas semanas, se cumplieron nada más y nada menos que cuatrocientos años de la muerte del que quizá sea el mayor genio que ha dado la literatura universal, William Shakespeare. Esta efeméride debe servir como una excusa maravillosa para empezar a leer a Shakespeare, para recuperarlo, para volverlo a leer, para regresar a él y disfrutarlo.

¿Habrá algo más entretenido que pasarlo bien con la lectura de ‘Sueño de una noche de verano? Es momento de volver a divertirse con los líos amorosos de Hermia, Helena, Lisandro o Demetrio; de enamorarse de Puck y el hada; de soñar. Las comedias editadas en castellano sobre William Shakespeare, cuyas traducciones por lo general son de mucha calidad y respetan la esencia del original, son un divertimento que nunca falla.

Cuatro siglos después de que el genio abandonará la vida en nuestro planeta, tal vez sea hora de volver a vengar la muerte del Rey Hamlet acompañando a su hijo, el príncipe Hamlet. Tal vez sea hora de paladear las reflexiones de Polonio ante Laertes.

Y por supuesto, este año 2016 debe valernos para descubrir el amor más profundo a través de Romeo y Julieta, para descubrir la dimensión de la avaricia en ‘El mercader de Venecia’, para enfrentarnos a la maldad en `Macbeth’ o para contener la respiración con cada página de ‘Otello’.

Este es un año además para descubrir otras obras menos conocidas de William Shakespeare, como ’La tempestad’, ‘Mucho ruido y pocas nueces’, ‘La fierecilla domada’ o ‘como gustéis’. También sería bello dejarse seducir por el poder de ‘Julio César’, ‘Ricardo III’, ‘Enrique V’ o ‘El Rey Lear’, este último, retrato fastuoso de cómo el tiempo pone cada cosa en su sitio y de cómo la vida, a pesar de ser injusta, a veces tiende hacia un cierto equilibrio.