Apuntes de un debutante.
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Miguel Ángel Molfino, Raúl Argemí, Kike Ferrari y Ernesto Mallo, en la Semana Negra 2011.
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Empiezo a escribir sabiendo que esta nota está condenada al fracaso, que no puedo contestar la pregunta, que cualquier explicación que intente no va a dar la medida de la experiencia. Como el sexo, como la adrenalina de la pelea, como el nacimiento de tu hijo, la Semana Negra no se deja narrar; como la música de Tom Waits, el boxeo de Alí, la belleza de, digamos, Brigitte Bardot, nada que te cuenten estará a la altura.
Ya desde el minuto cero: los recuerdos de las organizaciones armadas revolucionarias del Río de la Plata de los 70 (ERP y Tupamaros) por Molfino y Contreris o anécdotas bizarras escatología en boca de Rafael Marín, desde la Televisión de España entrevistándonos hasta las primeras charlas en las que reconocerse en un colega del otro lado del mundo, en Negro se escucha, sucede, de todo. Después el recibimiento en Mieres (con gaitas, comida y beberaje), el corte de cinta, la primera recorrida, el asombro por este evento único. Asombro pese a todo lo que había oído hablar de la fiesta mezclada con los libros. Un asombro genuino y admirado.
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Zeki reparte ejemplares gratuitos de la antología Pepsi.
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Eso es la Semana Negra, sólo así puede entenderse: una fiesta de la experiencia.
Cómo contar la hermandad de gente que nunca se había visto, la admiración mutua, el reconocimiento de los veteranos por las nuevas generaciones, la devoción de éstas por aquellos; cómo contar la casi completa ausencia de divismo, la cálida amistad a las pocas horas de la primer cerveza compartida, los montones de planes que (cosa rara) seguramente se cumplirán, el aprendizaje permanente, los oídos atentos, el trabajo compartido. Cómo explicar la horizontalidad y el respeto de todos por un jefe; cómo la generosidad y el talento.
Eso es la Semana Negra, sólo así puede entenderse: camaradería y espíritu de cuerpo.
Un tipo que vende un millón de libros de uno solo de sus trabajos, que lleva publicados más de 50 libros y que dirige el evento hace veinticuatro, años carga sillas antes de una presentación; un médico gijonés pide diez días anuales de licencia en su trabajo para ir a trabajar gratis a un puesto de libros; un oficial de la policía del ayuntamiento hace lo mismo para colaborar con la organización y el jefe de la policía auspicia de jurado en el concurso de novela negra, el más importante del mundo. La directora de la asociación empezó vendiendo periódicos del festival hace un par de décadas; todos los participantes -choferes y periodistas, autores novatos y guionistas de Hoollywood, clásicos del género y aspirantes a su renovación, fotógrafos en la búsqueda y héroes del comic- comen con los mismos cupones, en los mismos lugares, la misma comida. Tipos que recién se conocen y disputan el mismo premio se alegran honestamente cuando el otro lo gana.
Eso es la Semana Negra, sólo así se entiende: la moral guevarista aplicada a la cultura.
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Paco Ignacio taibo II, en la conferencia de clausura, el domingo pasado.
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En el cierre, el Jefe, el Capitán Taibo rebatió las ridículas críticas de la derecha reaccionaria y boba (en todo el sentido de este término, dijo) y sentó posiciones para la próxima edición: sí, se hará; preferentemente y si depende de los organizadores, en Gijón; de no ser así, en otro lugar de Asturias, pero se garantizará transporte diario para el pueblo gijonés.
Eso es la Semana Negra, sólo así se entiende: persistencia y lealtad.
Y sigue!
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QUE DE LEJOS PARECEN MOSCAS
Kike Ferrari











Joer Kike, ¡¡¡qué envidia lo que has disfrutado!!!
Kike, enhorabuena, me alegro de que haya sido tan fantástica, y tan negra la semana. A ver si algún año nos encontramos allí.
Kike, enhorabuena. Me alegro de que la semana negra haya resultado tan negra como tenías previsto, y tan interesante. Saludos de la basca.