Una educación sexual

Este es un libro repleto de sexo. Narrado, descrito e ilustrado con las magníficas láminas de Juan Abreu. Es un libro que narra en episodios cortos la alegría de vivir. Estampas de un regocijo fragante lleno de cuerpos, fluidos, licores, piel y momentos serenos con hermosos jardines. Cada cosa tiene su nombre y es el nombre, cada gesto puede nombrarse porque aquí no hay silencios ni pudores. Tampoco hay estridencias. Son retratos a lápiz, dibujados y escritos, de las cosas que hacemos, que ojalá hiciéramos, del placer y la capacidad de sentirlo.

Precio: 5,00€

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Sobre el autor

PRINCIPIO

Una educación sexual

La vida hay que verla desde un punto de vista genital. Desde ahí se tiene una visión real (por ambos bandos de la palabra). Visión cenagosa, no los engañaré. Pero más cercana a la brutalidad humanizadora de la biología.

Una mirada genital.

Yo redacto a la altura de la pelvis y no hay quien me haga ascender. Alguna vez he subido a los sobacos, pero es de lo peor que he escrito.

Por favor, no confundan mirada genital con esa proclama pedestre y masticada, propia de escritorzuelos: «se escribe con los huevos».

Una tontería.

Los escritores que afirman escribir con los huevos ni siquiera los tienen. O habría que organizar un safari para encontrárselos. O tienen huevos de cristal. Pulidos y torneados. El tipo de escritor que se las da de rebelde pero sabe muy bien con quién se mete y tiene en el fondo un corazoncito moral y patriótico.

La mirada genital es otra cosa. La mirada genital es no dejarse engatusar por la cáscara que ha ido creciéndole, gracias a la domesticación, al mundo.

No es que esté mal la domesticación, hasta yo la uso a veces, pero tiene una nefasta pulsión castrante.

Por eso echo mano siempre en cuanto abro los ojos a mi primer cerebro. No hay nada igual para enfrentarse al mundo y sus habitantes. Mi primer cerebro es lo que el resto de la especie llama, simplonamente, glande.

Soy así desde chiquito.

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