Jonas Hassen Khemiri / foto: Leif Hansen
.
Ellos solo piensan que soy un tigre extraño que camina sobre dos patas.
ROY HORN, del dúo de domadores de tigres Siegfried & Roy
.
Prólogo
Hola, querido lector — ¡sí, tú que estás pasando páginas en la tienda de libros!—, ¡permíteme razonarte por qué merece la pena dedicar tiempo y finanzas al presente libro!
Visionemos juntos cómo el mejor padre del mundo, que también es el superhéroe del libro, pasea con un traje blanco en la terraza de su lujurioso loft de Nueva York. Sobre el rosado cielo planean sombras de pájaros, desde las calles se van desvaneciendo los bocinazos de los taxis y de fondo burbujea un gigantesco jacuzzi.
Nuestro héroe observa las multitudes de Manhattan. El viento revolotea su viril cola de caballo mientras la memoria memoriza su vida: la pobre infancia en el orfanato de Túnez, la relocalización a Suecia y la lucha por su carrera. Excelentes colecciones fotográficas, frecuentes decepciones, repetidas traiciones. Acompañado de un sol en descenso y un burbujeo intenso, sonríe al pensar en el tardío éxito de su carrera.
De repente, se rompe el hechizo de su nostalgia. ¿Quiénes son los sorpresivos invitados portadores de globos que salen de su ascensor personalmente instalado, vitoreando su nombre? Por aquí le saludan malabaristas fotográficos de la talla de Cartier- Bresson y Richard Avedon; por allá se da la bienvenida a personalidades intelectuales como Salman Rushdie y Naomi Klein. Entretanto llegan personajes ejemplares con almas globales como Kofi Annan y Sting. Los corchos del champán levitan hacia el cielo mientras los camareros sacan una gigantesca tarta con su nombre en azúcar glas. Antes de que termine la noche, un Bono envuelto en pieles habrá amenizado su quincuagésimo aniversario con una versión acústica de Even Better Than The Real Thing.
Nuestro héroe lacrimiza sus ojos y da las gracias a sus amigos.
¿Cómo pudo alcanzar este éxito cósmico un chico de bajos fondos sin padres?
¡Invierte inmediatamente en un billete para el viaje del libro y conoce la respuesta!
.
PRIMERA PARTE
¡Saludos cordiales!
¿A que no conjeturas quién te escribe estas frases? ¡¡¡Es KAdir el que teclea el teclado!!! ¡El amigo más anticuado de tu padre! Me memorizas, ¿verdad? Mi esperanza es tu cabeza asintiendo con entusiasmo. Se numeraba el año 1986 cuando os hice una visitación en Estocolmo: tu sonriente madre, tus hermanitos recién venidos al mundo, tu orgulloso padre con su fresco estudio fotográfico. Y luego tú, que asistías a los conocimientos de la lengua sueca de tu padre y míos. ¿Memorizas nuestras reglas gramaticales? Entonces eras un chico corpulento con talento para las lenguas y un atlético apetito por los helados y los caramelos Pez. ¡Ahora, de repente, te has convertido en un hombre erguido, a punto de publicar tu novela primaria! ¡Alabadas sean mis feroces felicitaciones! Ay, cómo tictaquea el tiempo cuando uno tiene humor, ¿no te parece?
Tu casa de publicaciones me ha correspondido tu correo-e y te escribo para interpelar si has sido iluminado por noticias de tu padre. ¿Sabes dónde se localiza en el presente? ¿Sigue vuestra relación tan lastimosamente silenciosa como durante los últimos ocho años? Tu padre y yo hemos mantenido una amistad sólida todo este tiempo, hasta hace un mes, cuando de repente dejó de responder a mis cartas-e. Ahora, mi pecho está colmado por una preocupación persistente. ¿Ha sido raptado por la CiA y conducido a Guantanamo Bay, forrado con mono naranja? ¿Ha sido despachado por el Mossad? ¿Nestlé le ha hecho prisionero como represalia por sus reveladoras fotografías de las fábricas semiesclavistas de Paraguay? Todas estas alternativas son plenamente potenciales, puesto que tu padre ha alcanzado una estatura de gran prominencia política. Desde que tu padre se relocalizó de Suecia, su carrera fotográfica ha sido abrillantada por un éxito ororífico.
En los últimos años ha estado de gira mundial con su cámara como arma política. Ahora, su alojamiento se localiza en un lujurioso loft de Nueva York, con estanterías ocupadas por literatura intelectual contemporánea, y él traspasa su tiempo con mejoradores mundiales del estilo del dalái lama y Bruce Geldoff. En sus madrugadas libres participa en conferencias pacíficas o cabalga las avenidas en su Mercedes 500 SL de color lila, con tapicería de piel y limpiaparabrisas interactivos.
Escríbeme… ¿Tu éxito es equivalente al de tu padre? ¿Tu contrato libresco te ha transformado en millonario o billonario, o tan solo ha asegurado unos años de independencia económica? ¿Malabaristas literarios como Stephen King y dan Brown son amigos íntimos o tan solo colegas formalmente conocidos? ¿Cuánta vagina alcanza la tirolina de un escritor a punto de ser publicado? Te invito a responderme cuando el tiempo esté disponible.
También yo he tenido sueños literarios. Durante mucho tiempo proyectaba una biografía dedicada a tu padre. Desafortunadamente, mi ambición quedaba mermada por abismos sapienciales y blasonadas casas de publicaciones. Ante la idea de componer este mensaje, mi cerebro fue repentinamente irradiado por una ocurrencia brillante: ¿qué te parece la idea de que tu secundario libro sea un retrato de la mágica vida de tu padre?
¡Colisionemos nuestras sabias cabezas con la ambición de criar una biografía que esté a la altura de tu prominente padre! ¡Colaboremos en la creación de un opus maestro literario que atraiga públicos globales, nominosas nominaciones al Nobel y tal vez incluso una invitación al plató de Oprah Winfrey!
Correspóndeme cuanto antes tu positiva respuesta. ¡NO te condolerás!
Tu amigo recién encontrado,
Kadir
P.S. Para humedecer tu deseo ante mi proposición agrego dos documentos Word. Uno es adecuado como prólogo para nuestro libro, el secundario retrata la infancia de tu padre. Conozco la anticuada reticencia de este de detallarte su historia. Pero créeme cuando te escribo: si él hubiera podido, habría repartido mucho más. Y si hubiera conocido tu nueva novela, habría iluminado avenidas enteras con su radiante orgullo.
.
Había una vez una aldea del oeste de Túnez que recibió el nombre de Saqiyat Sidi Yusuf. Aquí fue localizado mi nacimiento en el otoño de 1949. Aquí, mi vida era un idilio familiesco hasta 1958, cuando un trágico accidente concluyó la vida de mi padre, mi madre y mis cuatro hermanos menores. Unas bombas desafortunadas de los franceses del poder colonial de Argelia cayeron azarosamente sobre nuestra aldea en busca de simpatizantes del FLN. Sesenta y ocho personas murieron y como consecuencia me quedé libre de padres. Un amigo de la familia me transportó a la ciudad de Jendouba, a la casa donde la generosa Cherifa y el amaroso Faizal aceptaron mi ingreso en su orfanato no oficial para mártires anticoloniales.
¿Tu padre te ha expuesto el esqueleto que queda de esta casa? Se localiza en los barrios orientales de Jendouba, no muy lejos del parque de las estatuas y el cinematógrafo actualmente cerrado. En ella había dos dormitorios con contraventanas turquesas y rejas decorativas negras. Había una cocina y una sala de comidas, un aula escolar con rasposos bancos para dos y una desgastada pizarra de tizas, además de colonias enteras de cucarachas dedicadas a los chasquidos nocturnos.
Ya por aquel histórico entonces, el corazón de Cherifa era tan grande como ancho era su trasero. Su gigantesca fe en las potencialidades solo estaba igualada por su inflamado odio a la misión de extender la civilización de los franceses. Faizal, el marido de Cherifa, era un tímido maestro de aldea que, para compensar por su incapacidad de reproducción sexual, había autorizado a su mujer a ocuparse de niños mártires solitarios. Mi alojamiento era repartido con los enmusculados hermanos Dhib y Sofiane, cuyos padres habían sido asesinados mediante el método de ataque contra terroristas de FLN al que los franceses daban el cómico nombre de «des ratonnades» (cazas de ratas). En la habitación de al lado se alojaban Zmorda y su hermana Olfa, cuyos padres fueron encontrados muertos con uñas saboteadas y piel flambeada por electrochoques. Allí también estaban la parcialmente sorda Amine; Nader, que tenía una pierna más corta que la otra, y también Omar, con su tripa perpetuamente hinchada que emitía gases nocturnos. Todos sus padres y hermanos habían sido erradicados a consecuencia de la eficaz caza de terroristas sospechosos por parte de las tropas francesas. [N.B.: En el libro no hagas hincapié en las trágicas historias de los niños. Concéntrate en la mítica llegada de tu padre, no en los millones de muertos que la divulgación de la civilización francesa dejó en su estela. (Ya sabes que para hacer una deliciante tortilla siempre hay que decapitar algunos huevos.)]
Mi rendezvous inaugural con tu padre se escenificó a finales de 1962. En muchos sentidos, la mañana era ordinaria. Yo estaba tumbado en mi colchón, tempranamente despertado, mientras Sofiane mugía sus ronquidos y Omar soltaba lastre. Oí el cuerpo matutino de Cherifa, que arrastraba sus pasos rumbo al patio para fluir la bomba de agua. Entonces, de repente… entre dos roncas melodías de gallo… unos golpes en la puerta. Al principio eran flojos y revoloteados. Después, más fuertes.
Cherifa se dirigió a la puerta entre murmullos; yo me elevé para seguir sus pasos. La puerta se giró hacia la luz del amanecer y afuera estaba…
Tu padre.
Su edad era en este momento la de un doceañero de baja estatura, con unas ramitas de brazos y un pelo negro como una protuberancia encrespada. Su camiseta interior tenía manchas de vomitaciones rojizas y su cuerpo vibraba a la luz del sol. Cherifa le interpeló por qué había venido. Tu padre separó sus labios resecos y gesticuló los brazos como un pájaro desesperado, y aclaró la garganta y emitió unos sonidos roncos. Pero no oralizó ni una palabra. Yo mismo recuerdo que él parecía muy sorpresivo por su propia mudez.
El límite de la compasión de Cherifa estaba más que alcanzado. La casa estaba colmada y ella había garantizado a Faizal que él no iba a tener que hacerse cargo de los gastos de salvación de NINGÚN otro niño martirizado. Pero ¿cómo iba a actuar? ¿Retornaría a esta pobre criatura muda a la calle sin más? Mientras Cherifa visualizaba su decisión, tu padre le presentó un sobre bien doblado. Ella resquició el contenido y aireó rápidamente sus pulmones, como cuando el agua de la ducha se vuelve de repente fría como el hielo. Enseguida dirigió a tu padre a la fresca sombra del recibidor. ¿Qué fue lo que tu padre delegó a Cherifa? Mi especulación es una carta explicativa. O una generosa suma de economía.
Mientras Cherifa echaba un vistazo al contenido del sobre, como si quisiera comprobar que no había malinterpretado la sustancia, los ojos de tu padre reflejaron los míos. Erguí mi reconfortante mano contra la suya, más bien esponjosa, y tranquilicé sus nerviosos ojos con una blanca y centelleante sonrisa de bienvenida.
— ¡Mi nombre es Kadir! —publicité—. ¡Bienvenido a tu nuevo hogar!
—…. —respondió tu padre.
—Eh… ¿qué?
—…
Tu padre me contempló con ojos inquisitivos. Era como si su habla hubiera sido bloqueada por magia negra. En realidad era una consecuencia natural del shock producido por una explosión nocturna, la muerte de una madre, una mudanza confusa y la emoción de ser el chico indiscutiblemente más solitario del mundo. Acaricié el hombro de tu padre y susurré:
—No hay preocupación, aquí estás en tu casa.
En el libro, tienes que llenar esta escena de mucho dramatismo y tubas sinfónicas.
Escribe:
«Aquí se conocen, pues, mi padre y Kadir. El héroe y su escolta. Kadir, que será parte del destino de mi padre por siempre jamás, un poco como Robin sigue a Batman, o como el negro de Arma letal sigue a Mel Gibson. Son dos amigos del alma que acaban de conocerse y que nunca defraudarán las promesas del otro».
[Tal vez puedes retratar dos pájaros que planean en el cielo de un amanecer y sonríen sus picos el uno al otro cuando se encuentran, para después volar juntos hacia el monte Kroumirie. (Esto sería un símbolo de nuestra iniciada amistad.)]
Tu padre y yo atamos rápidamente nuestro lazo de amistad hasta crear una bonita roseta sin palabras. En el primerísimo día, nuestros cuerpos fueron aparcados en el mismo banco para dos cuando Faizal efectuó su lección. En la hora del almuerzo le enseñé cómo tenía que esconder los dulces por debajo de la camiseta para no atraer la celosía de los chicos mayores. En la hora de la siesta manifesté muchas preguntas acerca de su origen que él trató de responder pero… su lengua seguía sin funcionar. Meneó sus brazos. Me expuso una fotografía en blanco y negro de un hombre trajeado que cenaba con dos europeos. Me dejó sujetar una nudosa castaña. Pero sus labios no oralizaron ni una sola palabra. Por eso no tardó en ser motejado, de manera irónica, de la equivalencia en árabe de «aquel que habla tanto como uno que se ha tragado una radio».
La mudez de tu padre creció los cuidados de Cherifa. Él se convirtió en su nuevo favorito y a menudo la asistía en misiones caseras. Ella trató de curar su mudez conversándole constantemente. Discutía el cielo y la tierra, el tiempo y el viento, los rumores pueblerinos y las socializaciones, los disparatados precios de los pimientos y las eróticas visitas vecinales.
Faizal, celoso por las activas atenciones que Cherifa propinaba a tu padre, comenzó a surcar las palmas de sus manos con bastonazos duros y castigadores. Anticipó los quejidos de tu padre, pero todo lo que ocurrió fue que las palmas de las manos quedaron enrojecidas, sangradas y cicatrizadas hasta convertirse en estables costras. La mudez de tu padre se mantuvo intacta. (Por cierto, ¿no te parece curioso que el problema expresivo de tu padre fuese legado a ti? Porque supongo que te acordarás de los problemas que tuviste a la hora de exprimir letras sencillas como «r» y «s» en tu infancia.)
Dejemos ahora que las fechas abandonen la primavera por el otoño y el invierno siguiente. Deja que la escarcha llene el patio, deja que se callen los grillos. Tu padre y yo jugábamos en silencio, nos repartíamos pipas de girasol, espiábamos a las chicas recogeaguas del barrio. Desarrollamos un avanzado lenguaje de signos que solo nosotros comprendíamos.
Las noches de tu padre seguían dominadas por despertares transpirativos, recuerdos de los gritos de una madre, chispas y aullidos de fuego y líneas divisorias nocturnamente cruzadas. Con frecuencia, las lágrimas brotaban de sus ojos con imágenes mentales, siempre equipadas de un carácter impreciso. Yo trataba de consolar sus lágrimas, pero no todas las pesadumbres resultan consolables. Algunas no lo son: este es el trágico hecho de la vida.
Aquí propongo que inyectes algunos recuerdos propios de vuestras vacaciones anuales en Túnez. Si tienes miedo de rivalizar con mi magnificencia metafórica, puedes variar el formato de tus letras. ¿Memorizas algo de Jendouba?
.
Claro que recuerdas Jendouba…
La ciudad en el oeste de Túnez donde padres creció. La ciudad donde arrugados campesinos con sombreros de paja cabalgan inclinados y los rojos remolques de tractor hacen sonar sus barras de hierro. Recuerdas el ajetreado souk, las hadji que muerden sus blancos velos con los dientes, el cine que proyecta películas chinas de kung-fu con subtítulos en alemán.
Recuerdas los golpetazos del martillo, las manchas de sudor producidas por el eterno frote, el cuerpo peludo de padres y después el viaje en la plataforma de carga, viendo cómo pasaban los cactus y las montañas de ajos amontonados.
Pero lo que mejor recuerdas es a la abuela Cherifa, que era tan gorda que siempre tenía que ponerse de medio lado para pasar por las puertas. Cherifa, que te daba la bienvenida con palmaditas y te llamaba felouse y siempre te pellizcaba los michelines para comprobar el nivel de grasa subcutánea y siempre echaba la bronca a padres porque toda esa extraña comida sueca te había dejado como un palo. Y recuerdas el abuelo Faizal, el retirado maestro de pueblo con su maletín de médico que siempre defendía Jendouba y afirmaba que la ciudad en realidad era muy parecida a Nueva York. Por ejemplo, las dos están ubicadas bastante cerca de ríos. Las dos ciudades están gobernadas por idiotas. Las dos ciudades tienen taxis amarillos. Las dos ciudades sufren grandes problemas de basura. Y resulta difícil perderse en las dos ciudades; Nueva York tiene su sistema de cuadros y nosotros tenemos nuestro genial sistema alfabético. Después, Faizal sonríe hasta que los bigotes se convierten en una sonrisa superior adicional porque está claro que no hace falta explicar quién era el primo del hombre que inventó el sistema de carreteras de Jendouba…
Además, ambas ciudades se han hecho merecedoras de una larga sucesión de motes. A Nueva York se la llama la Gran Manzana, el Melting Pot, la Capital del Mundo, la Ciudad que Nunca Duerme. En el caso de Jendouba, el Ojete del Culo, el Sobaco, la Sauna, el Recto, el Culo de Burro, el Asadero, las Brasas, el Horno de Pan o tal vez la irónica denominación de padre, el Congelador. Y solo cuando padre quiere ser especialmente académico dice que vais a pasar el verano en Anus Rectum.
Y recuerdas todos los amigos de padres. Los viajes del aeropuerto a casa en el Mercedes de los años sesenta de Omar con tapacubos fijados con celo, el cuscús de «bienvenidos» en casa de la familia de Olfa, los saludos aulladores de Amine, el caluroso regazo de Zmorda. Todos suspiran cuando Nader comienza a jactarse, como siempre hace, de aquel sastre que no cobra más por coger dos bajos diferentes del mismo pantalón. Y recuerdas muchísimas más cosas: los tatuajes del gigantesco bíceps de Sofiane, el brazo izquierdo de Dhib que siempre está más moreno que el otro después de tantas horas de sol en el taxi, las noches de dormir en los tejados y el olor a sábanas recién lavadas, pipas shisha con sabor a manzana y galletas recién horneadas de la fábrica de Emir. Los atardeceres sentado en la mediana de la calle central con la abuela, rompiendo crujientes trozos de sandía, escupiendo pepitas a los coches que pasan, saludando con la mano al taxi de Dhib, tentándolo con pulpa mientras el diluido jugo de la sandía, de color rosa, corre lentamente por el antebrazo. La cuestión es si todo esto tiene algo que ver con el libro sobre tu padre. Es probable que no. Probablemente será mejor dejar que Kadir marque el rumbo a seguir al principio… Por supuesto que recuerdas también a Kadir. El mejor amigo de padre, el mujeriego sembrador de piropos vestido con traje lila que os visitó en Suecia a mediados de los años ochenta y que partió enfurecido, por razones que no recuerdas. ¿Qué fue lo que pasó en realidad?
.
La siguiente escena tiene lugar en el invierno de 1964. Las cumbres del monte Kroumirie relucen de nieve y tu padre lleva ya dos años en casa de Cherifa. Dos años de mudez total. Dos años sin el menor susurro.
Ese día invernal estábamos todos tiritando en el comedor, ingiriendo nuestra comida y soplando aire caliente a las palmas de las manos. Recuerdo cómo tu padre de repente levitó y marchó rumbo a la cocina de Cherifa, a pesar de que esto era algo muy ilegal. Desde la distancia vi cómo se aclaró su garganta catorceañera, despegó la lengua y… ¡habló!
—Eeeh…. ¿Puedo repetir, por favor? Todavía tengo hambre. Su voz era perfectamente normal, a excepción de una ronquera muy ancha. La boca de Cherifa se circuló y bailó arriba y abajo como la de un pez sorpresivo.
—Perdón. ¿Me dejas comer un poco más? —repitió tu padre con el volumen de la voz aún más subido—. Si no me das más comida puedo relacionar ciertos rumores… Nadie oye más historias que el que todos creen mudo. Me entiendes, ¿verdad? No querrás que Faizal se entere de que…
Aquí la voz de tu padre se redujo a un susurro inaudible. La confusión de Cherifa fue tan grande que accedió (por primera vez en la historia del mundo) a llenarle el plato alimenticiamente. Desde aquel día, Cherifa tenía a tu padre más favorecido que nunca (y Faizal lo tenía más detestado).
¿Por qué retornó de repente la efectividad lengüífera de tu padre? Ni idea. A veces la vida se empeña en no seguir las rutas librescamente adecuadas. En el libro nos conviene formular una razón precisa para la lengua curada de tu padre, de modo que evitemos la confusión de los lectores. ¿Qué te parece si ponemos a tu padre a marchar por un bosque, luego pasa por debajo de un castaño, le cae una castaña en la cabeza y exclama: «¡Ay!»? Luego puedes hacer que diga: «Anda, una castaña, qué simbólico resulta que haya curado mi mudez». Si no, puedes dejar que le aflija una secuencia de un sueño mágico donde se retrate su futuro mediante un moderno flujo de la conciencia joyciano:
«¡Jolines-allí-voy-a-tener-que-cortejar-a-una-azafata-de-vuelosueca-y-allí-cenaré-con-Jürgen-Habermas-y-allí-parece-que-daré-un-discurso-de-agradecimiento-en-la-embajada-canadiense-de-Egipto-con-motivo-de-haber-ganado-un-premio-fotográfico! ¡Más-vale-que-obligue-a-mi-lengua-a-la-curación!». Elige tú mismo el camino a seguir.
Con el don de la habladuría, la amistad entre tu padre y yo creció hasta convertirse en un fundamento rocoso. Nunca le pregunté por la motivación del silencio; en vez de eso quise saber todo sobre sus padres y su historia. Y tu padre me la retrató con la voz que era suya y las palabras que de pronto fluyeron como la sangre que brota del ascensor en El resplandor. Me contó todo sobre su padre Moussa, describiéndolo como un argelino acaudalado que vivía su vida en espacios aéreos internacionales y llevaba un lujurioso pijama de terciopelo por las noches.
— ¡Mi padre, ay, mi padre! —gritó, hasta que hubo atraído la atención de todos (a excepción de Amine, que estaba medio sorda). Con nuestras orejas ansiosamente escuchando, nos contó la historia de la carrera de su padre como químico purificador de aguas. Poco después, la foto de tu grandepadre ya estaba reflejada por todo el mundo y obtuvo finanzas suficientes como para invertir en frecuentes fábricas de chuches y tiendas de jukebox.
»Después conoció a mi madre en un concierto sinfónico en Mónaco. Ella es una de las maniquíes más bellas del mundo, nacida de padres argelinos en la Miami Beach americana. Ahora es actriz y amiga cercana de estrellas del cine como Grace Kelly y Humphrey Bogart. Por cierto, ¿habéis visto esto?
Con el orgullo brillando, tu padre presentó la desgastada fotografía que siempre llevaba consigo. Nos contó que el hombre del traje negro que estaba al lado de la mesa, exquisitamente acompañado de europeos, era su padre, Moussa. A su lado derecho se encontraba la célebre estrella de cine Paul Newman y a la izquierda el cantante de rock peinado con agua, Elvis.
—Por cierto… —sumó después de haber examinado la foto en detalle—. No os dejéis molestar por el guarda corporal de fondo, que está investigando su nariz.
Las historias de tu padre nos impresionaron mucho a todos. Nuestros ojos brillaban en estéreo al gritar:
— ¡Cuéntanos más cosas! ¡Más cosas!
La consecuencia fue una expandida estimulación del susurrante dragón que llamamos imaginación. Tu padre avanzó:
—Mi padre Moussa también cuenta con frecuentes medallas de oro en el mundial de halterofilia y ha trabajado como domador de tigres. Tiene cuatro Pontiac V8; dos negros y el resto, rojos. Ahora vive en una zona lujuriante de París donde los cortacéspedes se parecen a cochecitos y pasa los fines de semana en el campo de golf o en el autódromo. Mujeres de todas las tonalidades nadan en topless en su piscina y se untan los hombros con cremas pijas que huelen a coco. ¿Que por qué he sido relocalizado hasta aquí? Tras la desafortunada muerte de mi madre en un accidente de tráfico creció la intención de mi padre de enseñarme la dura lección de la pobreza. Pero, en breve… en cualquier momento, quizá mañana o la semana que viene, llegará su cuerpo para llevarme a la opulenta libertad de Francia. En la armonía de la comunidad haremos visitaciones a cinematógrafos y conoceremos a estrellas de cine y practicaremos el windsurf y probaremos su gran colección de cruceros de lujo. Si queréis, podéis acompañarme…
Observé a tu padre y pregunté (con cierto recelo recién despertado):
— ¿Y cómo ha conseguido semejante éxito?
Tu padre dobló la fotografía cuidadosamente, la retornó a su bolsillo y dijo:
—Mi padre es un triplete de talentos: ¡purificador de aguas, casanova y cosmopolita!
¿Por qué su lengua cultivó una cantidad tan ancha de deslices de la verdad? No lo sé. En cambio podemos apreciar dos tendencias interesantes:
1. Todo lo que en la vida de tu padre estuviera políticamente mancillado era desechado. La política era para él una ciénaga que ya había ahogado a demasiadas personas de su cercanía. No fue hasta tarde en su vida cuando tu padre alteró su relación con la política. Tal vez demasiado tarde.
2. Claro que todos nosotros entendimos que las palabras de tu padre no eran del todo correctas. Aun así nos hipnotizaban y estimulaban. ¿A que resulta extraño que el rugido de las palabras de la imaginación pueda transmitir cierto consuelo? ¿Acaso esa no es la razón de la realidad de que existan superfluidades como horóscopos, psicólogos y escritores?
Antes de poner término a esta colección de datos sobre la infancia de tu padre quiero detallar una cosa vital: si todavía tienes dudas acerca de la genialidad de este proyecto quiero subrayar que la economía NO es vital para mi asistencia. ¡No dejes que tu tacañería sueca fronterice el futuro de nuestro libro! Todo lo que pido a cambio de corresponderte los datos recogidos sobre tu padre es que hinchemos la honestidad de nuestro libro a tope. Esta garantía me es vital, ya que los falsos rumores están enjambrando la vida de tu padre. La VERDAD y nada más que la VERDAD tiene que ser nuestro faro a la hora de crear este opus maestro literario. ¿Puedes pintarme esta promesa en acero? Si es así, prometo corresponderte en mi próxima carta-e la realidad de la verdad sobre el pasado de tu padre. Resultará impactante y espantosa, por no decir estimulante y eréctil, tanto para ti como para nuestros futuros lectores.
.
Jonas Hassen Khemiri
Traducción de Martin Simonson









I love it!