Escritores ante Megaupload

Los cuatro detenidos por el FBI en el cierre de Megauploads.

.

Las descargas gratuitas y qué pagar por los contenidos digitales son el eje en torno al que girará el debate editorial en los próximos meses. Los libros, todos los libros, van  a digitalizarse. Por derecha o por izquierda. La cuestión es cómo se va a hacer, cómo se ofrecerán y a qué precio. El cierre de Megaupload ha vuelto a atizar el debate. En Sigueleyendo hemos querido preguntarles a algunos escritores sobre este tema. Ellos serán los principales afectados.

.

ENRIQUE DE HÉRIZ

Me molesta profundamente que se use la libertad de expresión como coartada para el robo. Me disgusta que la vagancia y el desprecio se disfracen de héroes revolucionarios. Creo que hay un gravísimo déficit social en el terreno de la cultura; de él se desprende que mucha gente que sería incapaz de robar una barra de pan piratee “productos culturales” sin pararse siquiera a pensar en lo que hace y sin valorar que las consecuencias no las paga ningún rico hacendado, sino un montón de gente que está perdiendo trabajos modestos y honestos. Me encantaría que rindieran cuentas los artistas que, para obtener una imagen “supercool” se dedican a animar al personal a piratear, amparados en la protección del éxito y sin pensar que su chulería la pagan los desgraciados que más necesitan vender un puto libro, disco, peli, etc. Dicho todo lo anterior, dos cosas desde el lado contrario: me parece pésima señal que tenga que ser el FBI quien se oponga a todo eso. Y, por concretar en el mundo de textos que es (o ha sido) el mío, lamento especialmente que la industria editorial haya sido tan reaccionaria, tan lenta y torpe, tan incapaz de anticiparse a los cambios y capitanearlos en su favor. Sólo espero que todos los cretinos que decían que esto no iba a pasar, que nada sustituiría el olor de la tinta, que nunca una pantalla aportaría la intimidad del papel y toda esa sarta de argumentos reaccionarios y miopes, se esté dando ahora con la cabeza contra la pared. Me queda la tranquilidad moral de haberlo advertido por escrito y en público hace demasiados años.

 

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR

Leyendo las noticias de todo esto me ha parecido que el tipo de Megaupload estaba tan forrado como los de las discográficas, y de una manera igualmente ostentosa y sucia, así que he pensado que tendría que salir una plataforma para piratearle y joderle ese capitalismo exhibicionista del que hacía alarde. Pero se ha adelantado el FBI. Lo que he visto es un pulso entre el viejo y el nuevo dinero en este mundo, que es un campo de batalla del dinero contra los gobiernos y contra la gente.

 


IVÁN DE LA NUEZ

PENTAGONÍA DE MEGAUPLOAD

1. Que Internet es una revolución, resulta evidente no sólo por los cambios que ha producido, sino por dos de los pilares que más embiste: la propiedad y la autoridad (o la autoría).

2. Que, en buena medida, lo que conocemos como propiedad intelectual ha sido primero apropiación a lo largo de la historia de la cultura, es más que visible si miramos las obras de Shakespeare o Marx, Picasso y Duchamp, Nabokov o Borges).

3. Que las (improvisadas) medidas actuales premian la propiedad y castigan la apropiación, es fácil de constatar en el anacronismo legislativo de la Ley Sinde, SOPA o PIPA, que sustentan a la desesperada actuaciones represivas como la del FBI.

4. Que Megaupload es un monstruo de dos cabezas, es obvio si comparamos la lógica de sus usuarios –que apuestan mayormente por la cultura compartida– y la lógica de sus propietarios –que apelan a estilos más burdos de enriquecimiento y celebridad.

5. Que la manipulación de la masa anónima por parte de estos líderes o gurús sigue siendo el problema irresuelto de cualquier revolución (y el lastre más evidente que las asemeja al antiguo régimen), puede constatarse en los nuevos movimientos sociales, que han renegado de los líderes.

 

JOSÉ LUIS ZÁRATE

MEGAUPLOAD IS DEAD

Muerto el perro, dicen por acá, se acabó la rabia. Pero hablan de un perro físico. Baskerville les podría decir que el problema es el fantasma del perro. La fotocopia del perro. El archivo descargable idéntico e inmortal del perro. Un click basta para tenerlo de nuevo ahí, moviendo la cola y retozando tan tranquilo, bueno, tranquilo no, un poco con ojos rojos y boca incandescente y dispuesto a la sangre, pero, bueno, todos amamos a nuestros perros no importa como luzcan.

Vean al villano, nos dicen mostrándonos a un gordito, vean sus malditas mansiones llenas de sucio lujo. No recuerdo el arresto de ningún banquero que llevara ese despliegue de imágenes de riqueza obscena. Veo la acusación filtrada a medios: conspiraciones, afirmaciones tajantes de culpabilidad criminal. Como si fueran cosa juzgada, como si fuera una tía solterona hablando de esa parienta soltera embarazada.

¿Quién maneja el tinglado?

Un día después del rechazo absoluto a la SOPA censuradora hay una cabeza cercenada y policía poniendo sus bototas sobre millones de archivos (legales y no) sin importar cuál es cual como no le importan a las hogueras si lo que destruyen sea bueno o no.

La media informa de los millonarios cerrando sus chequeras con gesto amenazador y dueños de cinematográficas pensando azotar a todo un gobierno por no querer su SOPA. Te vas a la cama sin cenar y sin dinero para reelecciones.

¿Es esa la imagen real? ¿Son esos millonarios estilo Montgomery Burns  las auténticas fuerzas del mal?

Porque lo que proponen es malvado. No proteger sus intereses sino el hecho que, con el pretexto de protegerlos, ofrecen nuestra intimidad al poder en turno.

Leer nuestros correos, revisar nuestras computadoras, recordar cada página visitada. Guardar electrónicamente cada conversación, cada imagen  movida, cada persona a quien le has hablado en tu vida electrónica.

En México se habló mucho de un registro nacional de celulares. Una ley para guardar nuestra identidad celular para impedir chantaje telefónicas y falsas amenazas. ¿Cuánto tardó ese registro federal en llegar al mercado negro? Poco. Diversos periódicos han documentado cómo se vendieron los datos de la credencial de elector a diversas instancias.

¿Qué ojos, que manos, qué intereses tendrán en nuestro poder nuestra intimidad? ¿Nuestros contactos, la forma exacta de quebrarnos, tocarnos, asustarnos?

Si aceptamos SOPa, si aceptamos Doring (la copia mexicana de la Ley SOPA), si nos amedrentan con el cadáver sangrante de Megaupload y sus 50 años de cárcel para sus dueños ¿a qué cedemos?

 

BERNARDO FERNÁNDEZ, BEF

Sobre el asunto de Megaupload, lo que sucede es que estamos viviendo la aplicación unilateral de las leyes norteamericanas afuera de su jurisdicción, por un lado y el florecimiento de un nuevo tipo de millonario (enriquecido cínicamente) por el otro. Yo pensaría que ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón pero a este ladrón le cayeron con las manos… en el teclado.

 

 

ELVIRA NAVARRO

Parto de algo básico: la gente tiene derecho a que le remuneren por su trabajo, asunto éste que al parecer se pone en duda cuando se trata de un producto cultural. Hay quienes, bajo la idea de que un bien cultural pertenece a todos, asunto éste sobre el que, con ciertos matices, estoy de acuerdo, dan un paso más y niegan la procedencia material de ese bien, que es el trabajo de una persona o un colectivo. Ese trabajo para el que se han empleado tiempo y medios ha de ser remunerado, de la misma manera que le pagamos a un médico por sus servicios. Los defensores más sensatos de no cerrar los portales de descargas ilegales desde luego no se oponen a que el autor cobre; sin embargo, muchas de las reacciones que he leído en redes sociales a propósito del cierre de Megaupload o sobre la polémica Ley Sinde  niegan, explícita o implícitamente y en nombre de un espíritu pseudolibertario que empieza y acaba en el interés personal, el derecho de un artista a recibir dinero a cambio de lo que hace. Hay quienes han salido a defender Megaupload como si se tratara de una ONG, por no hablar de los que meten en este embrollo la libertad de expresión, como si ésta hubiera sido en algún momento coartada, y confundiendo además la libertad con el robo.

A día de hoy cualquiera puede abrirse un blog, decir lo que quiera y colgar su música y sus libros para que se distribuyan gratuitamente; a lo que no tiene derecho es a colgar los de otros, y menos a enriquecerse con ellos. Obviamente el tema es complejo, internet ha cambiado las reglas de juego y además la red es una gran oportunidad para difundir nuestro trabajo. Suprimir intermediarios permite abaratar el producto e incluso que el artista se lleve un porcentaje más justo. Ahora bien, ese camino no pasa porque unos portales hagan negocio con el trabajo de otros. Y tampoco pasa, mientras haya capitalismo, por el intercambio libre. Estamos en un mercado libre, y los artistas pagamos alquileres y tenemos que comer.

Yo estoy dispuesta a luchar en la medida de mis posibilidades por un sistema más justo,  un sistema que nos permita vivir mejor y que facilite el acceso a cualquier bien cultural. El cambio que necesitamos es estructural, y no sólo cultural.

 

JUAN RAMÓN BIEDMA

Hoy por hoy, sigo siendo muy pesimista; quiero pensar que conseguiremos regularizar el medio digital a través de fórmulas innovadoras que permitan que el trabajo de los creadores obtenga una remuneración digna sin un coste desmedido para el ciudadano, pero no veo la manera de llegar a ese punto sin normalizar las vías que en la actualidad favorecen la apropiación directa de la obra artística.

 

 

GUILLERMO ORSI

Nada bueno puede esperarse cuando el FBI te patea la puerta. Internet ha empezado a preocupar a los Estados Unidos, como antes Afganistán, Irak y ahora Irán. Sus “marines” son, en el caso de megaupload, cibernéticos, pero al responsable del emprendimiento ladrón se lo llevaron físicamente de las pestañas.

El tema de nuestros derechos es lo que menos preocupa a estos protagonistas del despojo globalizado. Si de verdad nos calienta a nosotros –a veces sospecho que poco–, debemos encontrar rápidamente las herramientas tecnológicas y jurídicas para que no acabemos difundiendo nuestro trabajo como los memoriosos lectores de Fahrenheit 451. Y cobrándole, como se decía en Argentina en nuestros recurrentes tiempos de crisis, “al banco mamao”.

 

PEDRO DE PAZ

Como autor, me cuesta encontrarle una lógica razonable a esta “glorificación” de Megaupload y a su conversión en mártir. La misma gente que denosta y desprecia a editoriales, distribuidoras y discográficas porque “son unos parásitos que canibalizan, explotan, roban y se lucran indecentemente del trabajo de los autores y no merecen ganar dinero por ello porque no aportan nada” ensalza, eleva a los altares y enarbola cruzadas para defender… a entidades como Megaupload o Rapidshare. Y yo sigo sin ver la diferencia entre unos parásitos y otros. Bueno, sí la veo. Como autor, a unos “parásitos”, con mejor o peor criterio, con mayor o menor acierto, yo he decidido confiarles el fruto de mi esfuerzo y mi trabajo –no del tuyo, ni del tuyo, ni del tuyo. Del mío– para que lo gestionen. Es la decisión que yo he tomado sobre el destino de mi propio trabajo. Los otros simplemente se apropian de él sin el menor pudor ni consideración para lucrarse con la connivencia, la colaboración y el beneplácito de unos golfos apandadores disfrazados de “libertadores culturales”. El problema no es tanto dónde acaba tu trabajo y en qué condiciones sino en quienes se arrogan el derecho a que termine allí. Es una cuestión de respeto. Porque se tiende a olvidar la premisa, tan sencilla como lógica, de que el único auténticamente legitimado para decidir el destino de su trabajo, para venderlo en un mercado persa, subastarlo o, incluso, distribuirlo en sites de descarga directa de forma gratuita si así lo quisiera no es ni más ni menos que el propio autor.

 

BEATRIZ PRECIADO

Internet representa por el momento un modelo económico que en parte se opone al capitalismo neoliberal, podríamos llamarlo, en su vertiente más utópica, cybercomunismo. Aunque Megaupload no fuera precisamente un ejemplo de intercambio horizontal, su cierre es un gesto político de intimidación que indica el deseo del capitalismo de cercar los prados digitales, como un día se cercaron las tierras comunales.