La foto de portada es de Mar de Burgos.
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Auserón fotografiado por Miguel Morales.
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En el primer recuerdo que tengo de él, compartimos mesa en una terraza de la Barceloneta cuando de pronto aparece una rubia.
—¿Eres Santiago Auserón?
—Lo que queda de él.
Entonces ella saca del bolso una libreta y le pide un autógrafo. Parece no haber escuchado del todo su respuesta, aturdida por el acto de magia que debe haber obrado en el encuentro casual con su ídolo. Luego deja la libreta en la mesa con una leve inclinación, ofreciéndonos su escote en caída libre como una cucharada de vértigo.
A primera vista queda mucho de Auserón, y nada en su aspecto aparenta sus cincuenta años y pico, así que la respuesta parece un gesto de coquetería. Tras su media sonrisa sí asoma algo no tan a la vista, como un signo fugaz vislumbrado a la luz de un desliz. Algo que invita a tirar de su hilo al tiempo que borra sus huellas, sugiriendo lo que no debe nunca explicarse del todo, la ecuación de un misterio que no puede dejar descifrarse. Un truco de magia.
—Lo que queda de él.
Lo mismo que el escote de ella, la sonrisa de Auserón deja algo de la trastienda en el escaparate. Tal vez delata la lucha sin tregua que debe haberse librado durante tanto tiempo, entre bambalinas, para que se propicie el hechizo tan simple de esta escena en que una rubia ( “Sí, claro, ¿cómo no? ¿Cómo te llamas?”) se acerca a pedirle (“Silvi, o Silvia. Bueno, pon lo que quieras”) un autógrafo a su ídolo.
Cumplido el trámite de la firma, Santiago Auserón me pasa la libreta.
—Él te va a firmar también, su grupo será realmente importante dentro de muy poco.
Lo que quedaba de mí después de algunas cervezas firmó también, y aún me divierte imaginar la reacción estupefacta de todo aquél a quien la chica enseñara con orgullo un garabato de su ídolo junto al de un julai anónimo ”cuya banda iba a ser realmente importante dentro de muy poco”. Aunque no creo que mi sonrisa tuviera nada relevante que esconder aún.
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Otro rasgo autóctono de su particular tierra de nadie es la consideración que se tiene de él como (¿único?) intelectual en el mundo del rock. En las entrevistas, suele ser presentado como rockero QUE piensa (no muy halagadora visión del mundo del rock, por otra parte). Pero por las cosas del directo y porque siempre hay que pasar a la publicidad, pocas veces se le puede escuchar con calma QUÉ piensa. A menudo se le acaba identificando como el hombre que dice cosas como negritud, idiosincrasia y adolecer antes que los aplausos den paso a su actuación en vivo.
Santiago Auserón lleva trabajando en su tesis más de dos décadas. En Barcelona frecuenta la Biblioteca Nacional de Catalunya, en pleno Raval, junto a un parque que suele convocar a yonquis aledaños. A uno de ellos le dio por entrar un día a esa biblioteca y creyó reconocerlo, aunque no las tenía todas consigo. Quizás al tipo le extrañase la presencia de la rockstar allí, o bien atribuyó esa aparición alucinada a la mierda que debiera estar pasándole su dealer. Picado en su curiosidad y en su siroco, se plantó a un metro de (oh! sí ! es) Él, y le gritó:
—Eh, eh, tú, sí. A mí no me engañas. Que yo a ti te conozco de otros sitios.
El eco prolongó en el templo del saber la acusación de infiltrado, de indigno tercer hombre. No recuerdo bien cómo seguía la historia, creo que hubo entre el personal de la sala algún amago de expulsarlo al yonko y cortar de raíz su intromisión en el silencio de la academia. Que Auserón tomó cartas en el asunto haciéndose cargo de él. En fin, que la cosa acabó en que salieron los dos juntos y en el parque compartieron unas birras. Aunque quizás también el yonki pensara que lo estaba rescatando a él. Al Auserón. Quésabenadie. Arde la calle.
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Esta entrevista en L’hora del lector sigue, por este orden, aquí, aquí y aquí.
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Hace unos 30 años Auserón cursó estudios de Filosofía en la Universidad de Vincennes (París VIII) con Gilles Deleuze. Hace unos 30 años, en España, la Universidad y eso que da en llamarse la Calle eran dos universos antagónicos, que casi se repelían. Hoy en día bastantes rockeros tienen estudios universitarios, del mismo modo que la mayoría de universitarios acaban en (eso que da en llamarse) la puta calle. Y unos 30 años después, en una caprichosa cuadratura del círculo, el poeta de la calle era interpelado en la Biblioteca y acusado de máxima traición. O, visto de otro modo, tenía que aguantar una escena de celos de una sus antiguas musas —”¿Qué estás haciendo tú aquí? Este no es tu lugar ”—. Aunque para él tener un pie en cada uno de esos dos mundos ha acabado conformando su equilibrio, y no parece encontrar contradicción alguna en el hecho de que, abriéndose la puerta de una biblioteca para salir al exterior, los ecos de los sabios antiguos puedan cobrar formas nuevas (“Españolito que vienes al mundo/te guarde Dios/una de las dos sustancias/ha de helarte el corazón”).
Yo supongo que luego embocaría la Rambla con esa forma suya de andar que tiene a veces tan reconcentrada, como una gran matriuska de pensamientos sin fin.
¿Qué más preguntas quedan por hacerse?
¿De qué es respuesta uno?
¿Seguro que pagué la última ronda?
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El proyecto de tesis de Auserón estudia los vínculos entre sentido y sonido, el diálogo implícito entre palabra y música, la presencia y función de la música en la propia palabra. El director de su investigación, José Luis Pardo, le reconoció en una ocasión que, en realidad, la esencia de su corpus filosófico estaba ya formulada en sus canciones. Que, de algún modo, ya tenía el trabajo hecho. Pero el man sigue con su tesis, quizás como gimnasia intelectual, o como quien ahorra durante toda su vida para una segunda residencia.
Desde hace algún tiempo dicta conferencias en universidades. Si los estudios sobre la lírica del Rock están ahora en boga, pocos como él pueden añadir a su prestigio como autor tan sólida formación intelectual. Una de sus primeras conferencias tuvo lugar en el Simposium Internacional de Poesía en Zurich. Y el percal que allí se encontró fue el habitual escenario de capillas poético intelectuales que se pimplan el catering mirándose por el rabillo del ojo de sus respectivas olivas rellenas con una gran rivalidad de fondo. Si se tratara de un cómic podríamos jugar a elucubrar lo que nuestro héroe pensó: “Grrrrr”. Pero no se trataba de un cómic. Así que nuestro héroe pronunció las siguientes palabras:
—Como apunta JL Nancy cuando describe, en Resistencia de la Poesía, la insistente necesidad de retornar sobre lo difícil, “La poesía es un acceso que no acaba, que solamente se alcanza en cada nuevo intento y siempre está por rehacer, no por imperfecto, sino, al contrario, porque es perfecto cada vez”. Lo cual explica el eterno retorno al reparto de voces que nunca agotan la posibilidad de la imagen. Eso convierte en banal cualquier rivalidad.
Yo te cito. Yeah.
Pon tu huella en el escrito infinito.
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Cenando después de la presentación de Río Negro en Bcn. Mientras los músicos observan la excelente pinta de los platos según llegan, Herman, el road manager, va cantando los horarios previstos para mañana a primera hora con la cantinela cansina del que está acostumbrado a no ser oído nunca a la primera.
—A las diez, ¿estamos?
Le pregunto por el tiempo que hace que trabaja con ellos.
—Diez años en total, aunque hace dos veranos ÉSTOS me dejaron tirado.
Lo dice sin asomo de rencor mientras aliña su ensalada. Al otro lado de la mesa alguien le observa con una sonrisa que parece contener su propia versión de la historia.
—En Burgos, tirado en una gasolinera –insiste Herman–. Mmm, este vino está buenísimo. Al año me volvieron a llamar. Sería que no podían vivir sin mí.
Sería.
Viejas rencillas aparte, el aspecto de los comensales es el de una familia muy bien avenida. En fin, el personal del Rock es gente de sobras curtida en traiciones: pequeñas o grandes, entre músicos y técnicos, entre técnicos y jefes de sala, entre artistas y críticos, y claro está, entre managers y todos los demás.
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Mientras llegan los postres salimos a fumar. Javier Mora me apunta el trato exquisito de Auserón con sus músicos y técnicos, el mimo con el que mantiene unido un ente tan complejo como una banda de rock. A un lado, Joan Vinyals, el guitarrista, vuelve a provocar al road manager:
—Oye Herman, ¿cómo fue realmente lo de Burgos?
Acabada la cena y mientras tarda en llegar un taxi, se decide que sea Vinyals quien disfrute de la suite de hotel que queda libre. En general esas habitaciones están destinadas al líder de la banda, pero el líder de la banda tiene piso en Barcelona hace 15 años. Y Vinyals es el único con compañía femenina esta noche, así que la solución está clara. Además, a Auserón se le nota cansado.
—A ver si cojo mejor el sueño esta noche.
Hace varias décadas que padece insomnio, y lo sobrelleva entre la molestia y la resignación. Una de las fatalidades del artista radica en que el conflicto sea el combustible de su obra. Así que deberá cuidarlo cuidándose de él, y regar a diario su condena como la más bella flor carnívora. Padecer insomnio es un colmo insuperable en su caso, la diana de demasiadas casualidades. Su apellido en lengua occitana significa pajarito, del latín avicellum. Auserón es el eterno estudiante de filosofía, cuyo símbolo es la lechuza: el pájaro que permanece despierto mientras todos duermen, el que vela vigilante los sueños de los otros con ojos bien abiertos. Y Auserón es también el ave nocturna que va por la calle con gafas de sol cuando el sol se va, harto de su maldición. Aunque muchas de sus canciones hayan sido escritas en estado de insomnio, y su Poética se lo agradezca.
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Este texto está compuesto por varios extractos del libro que Josele Sangüesa, músico y cantante al frente de Caníbala, publicará sobre Santiago Auserón en Sigueleyendo.
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Hace tiempo, a la altura del paralelo 38 Sur, me encontré rodeado de fanáticos de Juan Perro, concretamente en una radio universitaria. Cuando supe qué lo ligaba a Radio Futura, me dije, personaje raro, este Perro. Y ahora me quiero leer el libro de Sangüesa, porque queda claro que en el mundo del rock, son más los intelectuales de lo que parecen.
conozco a Josele cuando despuntaba su talento hace veinte años y simplemente sabia lo que seria…y me da gusto saber que no me equivoque. Quiero a Josele mas alla de sus famosidades…lo quiero por buen tipo…y eso…es mas que lo que pueden decir muchos…
celebro todos sus logros..es icurrente,divertido…desopilante…y me ayudan a saber que hay que ser fiel a uno mismo como el…no se pierdan a Josele… a Canibala…se lo merece…